Ciertamente, en los últimos tiempos uno no puede más que ver con cierta preocupación el clima político, social y emocional que agita nuestro país. Ese en el que el irredento sentimiento de embestida entre las dos Españas se ve a poco que uno rasca las vestiduras de la cotidianidad conversatoria con vecinos, compañeras de trabajo o el taxista que en el transitó de baúl piqueriano lo lleva a uno en transito permanente por las España litoral, periférica o de interior. Y es que, en la España del siglo XXI se echa en falta cada vez más la conjugación de los intereses generales, el sentido de estado y el sentido común en la vida pública y política de quienes con inmenso honor representan a la ciudadanía española en el Congreso y el Senado u otros parlamentos de ámbito regional o cámaras de representación.