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Delito de silencio, Federico Mayor Zaragoza

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Más que la injusticia de los malvados temo el silencio de los justos

Mahatma Ghandi

No podemos seguir guardando silencio, adaptados disciplinadamente a la rutina cotidiana, ocupados en nuestros problemas diarios, en las aficiones que nos abstraen… Ahora ya tenemos voz. Ya no hay disculpa para no opinar, para no proponer con denuedo aquellas iniciativas que pueden favorecer los cambios radicales que son exigibles en este momento.

Especialmente cuando se trata de procesos potencialmente irreversibles y en los que pueden alcanzarse puntos de no retorno, el silencio popular puede convertirse en complicidad con quienes siguen impulsando sistemas sociales y económicos que incrementan las asimetrías y las situaciones extremas.

Ejemplos de propuestas que deberían recibir múltiples e inmediatas adhesiones:

1)    Incrementar inmediatamente los fondos para un desarrollo integral, endógeno, sostenible y humano de tal modo que la emigración forzada por el hambre y la pobreza extrema pueda reducirse a corto y largo plazo. Las Naciones Unidas, a través de su Programa para el Desarrollo (PNUD), llevaron a la práctica proyectos que permitieran una vida digna a las personas en sus países de origen. Con la economía neoliberal las aportaciones prácticamente han desaparecido. En lugar de aumentarlas, los países más prósperos –empezando por Europa- adoptaron medidas de drástica reducción de estas ayudas (en España, casi se alcanzó el 0.6 % del PIB en 2008, cayendo después vertiginosamente).

Los  ocho Objetivos del Milenio –incumplidos en su mayoría- se pasaron a diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible en el año 2015… ¡sin compromisos económicos ni institucionales! Las aguas del Mediterráneo sólo volverán a ser  transparentes por la solidaridad. ¿Qué fuentes de recursos existen? Creo que el Llamamiento del International Peace Bureau, Premio Nobel de la Paz de 1910, sobre “desarme para el desarrollo” es la única solución que podría rápidamente reconducir las presentes tendencias. No me canso de repetir que cada día se invierten más de 4000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad. Bastaría con reducir en un 20% estas descomunales cifras para seguir garantizando la seguridad territorial pero extendiéndola  a otras áreas (alimentaria, sanitaria, reacción ante catástrofes naturales) que producen diariamente un número estremecedor de víctimas. Estas “otras guerras” –¡tengamos en cuenta las larguísimas colas de personas que en países “prósperos” se forman ante los centros de distribución gratuita de alimentos!- ensombrecen los horizontes de una ciudadanía que hoy es consciente de la imperiosa necesidad de cambiar las manos armadas y alzadas por las manos abiertas y tendidas.

No me canso de repetir que cada día se invierten más de 4000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad

En consecuencia,  es preciso –segundo párrafo del preámbulo de  la Declaración Universal de los Derechos Humanos indica que si no logran ejercer plenamente estos derechos, los seres humanos pueden “verse compelidos a la rebelión”- reivindicar con grandes clamores populares, ante la amenaza de procesos irreversibles, un nuevo sistema económico, que disminuya la actual brecha social y permita poner realmente en práctica la igual dignidad, fundamento de todos los valores y derechos.

Hoy tenemos ya las pautas para una convivencia armónica en la nueva era: la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el otoño de 2015 “para transformar el mundo”.

Si seguimos viendo sin inmutarnos las terribles imágenes de Honduras después del paso de los huracanes… o de los inmigrantes hacinados en Canarias… al tiempo que se incrementan las inversiones en armas y enviajes espaciales… delito de silencio.

2)    Quieran o no quieran reconocerlo los más encumbrados mandatarios y  mercaderes, la humanidad ha entrado en la nueva era del “antropoceno”, que se caracteriza por las actividades de los seres humanos que afectan directamente las condiciones de habitabilidad terrestre. En pocas décadas, el incremento demográfico unido a la mayor longevidad y al consumo irresponsable de carburantes que producen “gases con efecto invernadero” en cantidades progresivamente superiores a la capacidad de recaptura por la clorofila de los bosques y del plancton marino, el deterioro ecológico se ha incrementado. A pesar de las advertencias que desde hace muchos años  han emitido, con incesante apremio, instituciones como la UNESCO, el Club de Roma, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, las Cumbres de la Tierra, en especial la de Río de Janeiro en 1992… ha prevalecido la ley de los mercados y la gobernanza neoliberal, encomendada a grupos plutocráticos, ha sido incapaz de favorecer otros estilos de vida y de consumo que hubieran podido, en los albores de siglo y de milenio, esclarecer tan sombríos horizontes.

Nadie puede argumentar que no se han dado cuenta de lo que acontecía, de que no eran conscientes del riesgo que se estaba corriendo, a pesar de las alertas y alarmas sucesivas… porque el Ártico se ha fundido en buena medida, la Antártida empieza a agrietarse… ¿Quieren algo más patente para convencerse de una vez que ahora es la voz del pueblo la que debe ser escuchada y no la de los gigantescos consorcios que depositan fondos inmensos en paraísos fiscales?

Se trata de una inaplazable responsabilidad intergeneracional. No pueden mirar a los ojos de la juventud y de la infancia sin poner remedio, inmediatamente, a la actual deriva de la calidad de vida en el planeta. Sería una abominable vejación histórica. Si no reaccionamos cuando el mundo está cerca de alcanzar puntos de no retorno, nuestros descendientes podrían volver la vista atrás y exclamar, como Albert Camus, que “les despreciamos porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”.

3)    La solución está en la educación “para ser libres y responsables”, como establece el artículo 1º de la Constitución de la UNESCO. Educación para ser capaces de reflexionar y actuar en virtud de nuestras propias meditaciones, no aceptando hacerlo al dictado de nadie ni intimidados por poder alguno. Es ineludible e impostergable un compromiso social y educativo que conduzca a la “autonomía personal”, a “dirigir con sentido la propia vida”, en lúcida expresión de D. Francisco Giner de los Ríos.

Ha llegado el momento de la reacción ponderada y firme, de la insumisión, de iniciar el gran cambio hacia la transparencia y el profundo conocimiento de la realidad, premisa para poder transformarla adecuadamente.

Educación para decidir el comportamiento cotidiano adecuado en escenarios de grandes incertidumbres y complejidad, con notorias lagunas de ignorancia e insolidaridad. ¿A qué espera la comunidad intelectual para manifestarse en contra de la gobernanza plutocrática? Da la impresión de que está distraída, esperando a Godot. Pero, ya lo advirtió Samuel Beckett, Godot no llegará, porque Godot no existe.

4)    Otro motivo de gran clamor en el ciberespacio es la interpretación nociva de la “inteligencia artificial”. Es la inteligencia humana, que ha permitido el desarrollo de la informática y todas sus extraordinarias y útiles aplicaciones la que debe siempre prevalecer. La máquina al servicio de los seres humanos, pero nunca al contrario. “Además de”, sí. “En lugar de”, no.

Hasta hace poco –es algo que debe repetirse para que no se realicen equívocas retrospectivas- la gran mayoría de la gente nacía, vivía y moría en unos cuantos kilómetros cuadrados, sin conocer lo que sucedía más allá de su entorno inmediato. Eran personas temerosas, obedientes, sumisas, silenciosas. El poder absoluto se ejercía por un grupo limitado de varones y la mujer se hallaba totalmente marginada.

En las últimas tres décadas, esta situación se ha modificado radicalmente y nos llena de esperanza: en buena medida gracias a la tecnología digital, ya sabemos lo que acontece, podemos expresarnos libremente y la mujer está alcanzando, como era fundamental que sucediera, la igualdad total que le corresponde. Sus características propias y sus valores inherentes son fundamentales para la nueva era que se avecina.

Ahora, “Nosotros, los pueblos” ya tenemos voz. Ya podemos  manifestar cuáles son las pautas, las formas de vivir y los referentes para una acción correctora de los erráticos rumbos actuales. En 1945, encomendar estas funciones a “los pueblos” era prematuro. Hoy, es ya posible porque los seres humanos pueden pronunciarse y manifestarse.

Delito de silencio, de complicidad, si en lugar de ser actores de nuestra vida nos limitamos a ser espectadores impasibles, abducidos por el inmenso poder mediático.

Delito de silencio si dejamos que sean unos cuantos los que ejerzan el poder de forma autoritaria en lugar de, con la participación de todos, disfrutar de una gobernanza democrática

Delito de silencio si dejamos que sean unos cuantos los que ejerzan el poder de forma autoritaria en lugar de, con la participación de todos, disfrutar de una gobernanza democrática. Democracia a escala personal, local, nacional e internacional. No se debe tolerar ni un día más el protagonismo de los grupos oligárquicos. “Nosotros, los pueblos” debemos fortalecer con apremio el multilateralismo democrático, con unas Naciones Unidas que puedan llevar a efecto, sin fisuras ni aplazamientos, la Agenda 2030.

En otro caso, delito de silencio.

La democracia no se otorga, se construye con el quehacer cotidiano, cuando los pueblos se ponen de pie y son protagonistas de su destino. No callar, denunciar, protestar y, sobre todo, proponer.

En otro caso, delito de silencio.

El por-venir está por-hacer. Nuestra mayor responsabilidad es alentar estos convencimientos para que nadie desmaye. Para que nadie se rinda. Debemos ir, como en los versos de Otto René Castillo… “cargados de esperanza /  por los caminos del alba”.

Publicado en Other News

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Federico Mayor Zaragoza

Miembro de la RIET
Profesor, poeta y político
Director general de la UNESCO entre 1987 y 1999

 

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