El chileno, que murió en septiembre de 1973, algunos días después del golpe de Estado de Augusto Pinochet, podría haber sido víctima de un envenenamiento y no de un empeoramiento del cáncer de próstata que padecía como explica la versión oficial.
En 2011, el secretario personal del poeta aseguró que a Neruda se le inyectó un misterioso líquido pocas horas antes de su muerte.