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Joaquín Araújo: ‘Sol y playa’

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Joaquín Araújo es un conocido naturalista, periodista, escritor, director editorial y miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET). En su artículo de hoy (publicado originalmente en su blog del diario ‘El Mundo’) Araújo nos habla de uno de los grandes malos del litoral Mediterráneo, que no es otro que la transformación progresiva de la costa en zonas urbanizadas y de ocio en lugar de lo que son realmente: espacios naturales.

 ’Sol y playa’

La costa del Mediterráneo español es el derredor natural más destruido del planeta. Con esta dura pero justa expresión queremos referirnos a que el porcentaje de ese litoral que ha perdido su parecido con las condiciones de partida supera el 50% de media. Algo parecido sucede con el entorno de las grandes capitales y los principales ejes de infraestructuras. Algo que, en cualquier caso, no puede hacernos olvidar que nada queda en este planeta sin alguna modificación por el humano perpetrada. Pero, siendo como son, las condiciones de partida de nuestro litoral lo que realmente se vende al turista convendría tener un poco más de cuidado con la gallina de los famosos huevos. Veamos.

Una veintena de municipios han urbanizado la totalidad de su línea costera. Entendiendo, es más, como tal los primeros 500 m tierra adentro. Hay, por supuesto, distintas categorías. Así a la cabeza figura Málaga con un deterioro de hasta 67%, Alicante alcanza el 59%, Barcelona el 58 % y Valencia supera el 47%.

Conviene recordar que con el mar a la vista viven nada menos que el 44% de los españoles. A los que se suman más del 90% de los visitantes veraniegos. Demasiado sin duda se vuelca hacia las orillas para lo que supone en realidad el 0,55% del espacio emergido del país.

De acuerdo con los rigurosos estudios llevados a cabo con el hoy magnífico y fiable método de comparar fotografías aéreas de distintos momentos sabemos que la capacidad de carga sobre el frágil e imprescindible borde marino ha sido superada. Por si todo eso fuera poco la ley de costas – una de las que antes habría que cambiar – ha consagrado una más de las formas de impunidad. Millones de infracciones urbanísticas quedan literalmente amnistiadas sin más. Se consagra, una vez más, aquello de que, una vez hecha la trampa, es decir la obra, solo hay que esperar que el diluvio de irregularidades y la avalancha de expedientes en las mesas de los juzgados queden sin respuesta por obvia saturación e imposibilidad de proceder con arreglo a la ley. Una ley que hace la vista muy gorda sobre el peor de los urbanismos.

En realidad pocos, o ninguno, se han puesto a calcular en que proporción se desvalija una propiedad común de todos los habitantes del país: nuestra línea de costa. Sin olvidar, claro, que ya no solo provocan un desastre ambiental sino también social y en no poca medida económico como ha demostrado el mercado de la vivienda español.

Lo del sol y lo de la playa es la base de nuestra primera industria y, una de las pocas salidas para crear empleo. Temporal, por supuesto, pero da trabajo.

Mucho más se conseguiría si además se estuviera cuidando de la base que crea esa riqueza. La belleza y clima que se vende junto con las camas de hotel y las consumiciones en los chiringuitos y restaurantes.

Hay otros menús. Esos que se comen con los oídos, la piel, el olfato y por supuesto con la mirada.

¡Cuánto por hacer para que lo mejor no quede desecho del todo!

GRACIAS Y QUE LO QUE NOS QUEDA DE COSTA SIN MASIFICAR OS ATALANTE.

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Joaquín Araújo

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