Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET)

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Con la idea de que sobrevivir es sobre todo una experiencia colectiva

“Si mezclamos

los distintos colores

de los seres humanos,

el color que nos queda

es el color de la tierra”

Anónimo (bueno para estos días) 

Ilustración de Ani Ventocilla

Ilustración de Ani Ventocilla

(Cebaldo) Preparándome para un dialogo con hermanitos dule, sobre Arte, ahora que la conversación virtual es un instrumento urgente y necesario para sentirnos cerca y poder también practicar la lengua amada – el dulegaya – busco viejos textos, algunas músicas, o poemas que nos den ayuda y apoyo. Y vuelvo siempre a ese hermoso texto que una vez realizaste sobre nuestro querido Olo: “Ologuagdi, Irreductible Indio de Acero Inoxidable”. Es para mi como un “arranque”, una fuerza, un viento que me ayuda a volar.

Entre tantas cosas lindas, releo:

“¿Cómo no van a haber tantos pintores en Dule Nega?” – me dijo una vez Ologuagdi -, “¡Si desde que nacen toman teta mirando de cerquita a sus madres vestidas con molas llenas de colores!” Pintor de pintores, Ologuagdi de niño fue amamantado tanto por su madre como por su abuela”

….

“Me imagino un día a Olo montando un Taller de Artes Plásticas en alguna isla de la Comarca. Lo veo dedicado a enseñar a pintar a niñitos kunas, el paso de las nubes o las huellas que dejan los cangrejos ermitaños sobre la arena.”

(Jorge) Gracias por traer devuelta el viejo y apreciado escrito, lleno de magia. Magia cierta además, porque todo eso sucedió o se hizo realidad después. Como la respuesta de Ologuagdi a lo de la profusión de pintores en Kuna Yala: me la dio en la bahía de Moliyá, regresando de la comunidad de Cangandi. Habíamos viajado a Cangandi como parte del plan de hacer un libro de colorear, ilustrado por Olo, que sería la manera de “devolver la información” después de haber estudiado allá por medio año y junto con Rutilio Paredes, la cacería de subsistencia de los kunas. ¡El librito se hizo y voló después por todas las escuelas de la Comarca! Y lo de su mamá y su abuelita, también fue verdad.

Al poco tiempo aquel “taller de artes plásticas” mencionado se hizo realidad en la “Red de Talleres de Arte Infantil Kuna”, que por varios años mantuvimos con ayuda del Instituto Smithsonian, la Juventud Duiren y otros amigos. El arte dando vueltas siempre Cebaldo, alrededor y dentro de la gente…

(Cebaldo) Y la pregunta que siempre hacen ¿De dónde nace tanta magia en los creadores indígenas? O ¿Qué sentido tiene el arte en sus vidas? Y sin querer entrar en
las clásicas discusiones sobre este tema, sentimos que una de las cuestiones claves en la vida de un indígena es la relación con la naturaleza. El origen y fuente de toda creación. Como también su larga historia de resistencias. Y las formas como ha transmitido todos estos saberes, como los ha recreado a lo largo de su historia.

(Jorge) Cercanía a Natura sabiéndose parte, hija o hijo de ella. Y decisión de seguir siendo guardando la esencia, a pesar de los pesares. Con esos materiales siempre un pueblo resulta un pueblo de artistas.

(Cebaldo) Desde que nace un crio en una aldea dule, empieza esta practica, esta pedagogía, esta forma de vida; cuando se siembra el cordón umbilical y la semilla de un árbol en la selva, rodeado de palabras y cantos. La familia, la comunidad está no solo recordando la importancia de la relación tierra, palabras, agua y semilla, como también el cuidado de los árboles y la cooperación entre todos.

(Jorge) Todo es docencia, hasta lo pequeño y cotidiano. Llena de rituales estuvo tu infancia en Usdup, Cebaldo.

“La forma más extendida del bien es la belleza”, escribió alguna vez Skutch.

Apreciándola así, mirándola de cerca – como cuando un niño se agacha a estudiar un bichito -, de verdad que la naturaleza está llena de ambos: bien y belleza. Aún en el desierto o en una cumbre altísima. Ahora, imagínate en el bosque húmedo tropical o en los arrecifes de coral… ¡Tú que pasaste la infancia saltando sobre un enorme islote coralino llamado Usdup! (o Ustupu).

(Cebaldo) O cuando en un ritual femenino, las mujeres de la aldea, bañan a la nueva púber y le van contando historias, le diseñan vestidos nuevos, nuevas molas (este arte mayor de narrar la vida y la naturaleza); y los hombres al fin del día, llegan para conversar, compartir bebidas, comidas y palabras.

(Jorge) …Es decir, la belleza (o el bien o el arte, que son lo mismo; y que a veces también se comen o se cosen o sirven para curar): compartida. Una buena definición de lo que es colectividad, comunidad – de ahí lo de “Tierras Colectivas”, un derecho que aparece en la Constitución pensando en los pueblos originarios.

(Cebaldo) O en el campo, – en el nainu – cuando el padre va y le enseña al hijo cómo se trabaja la tierra, pero antes le cuenta quién sembró los árboles que cercan la parcela, y le va nombrando a señores que ya no están en este río pero sus “hijos árboles” continúan su memoria, alimentando o dando semillas o sombras, no solo a los humanos sino también a los otros seres, visibles e invisibles, los que llegarán al fin del día y no podremos verlos… a las aves multicolores, al suelo que frágil, necesita de alimento, no solo de agua, de sol, sino de la hojas que cubrirán el suelo. Todo lleno de ternura, de poesía, de arte, ciencia y espiritualidad, para que el hijo cuide y ame a esa tierra.

(Jorge) Esto que describes del padre presentando la finca al hijo, es ya poesía pura maestro. ¿Qué más agregar?

(Cebaldo) O cuando el comunero, empieza su largo viaje, por los ríos sagrados y la fecunda selva será su nueva casa, “sembrándose” acompañado de aquel canto final, “Masar Igar”, canto que acompaña el viaje, para que el alma no se pierda, para hablarles de las plantas y animales en su vida, de los ríos que cruzará, de la alegría de la vida. El poeta del Masar no solo canta al que se fue, es también para los que se quedan, y que la memoria continúe, la solidaridad continúe, y esta intensa relación: naturaleza, palabra y memoria.

(Jorge) El final del camino, la hermana muerte. Que Elisabeth Kübler-Ross, experta en esto de morirse (Tanatología se llama la ciencia), decía que era más apacible que el nacer… “Lo más fácil que vamos a hacer jamás”, así decía.

O como cuando el doctor José Renán Esquivel – el pediatra que está en los cielos, que cuando fue ministro puso como lema al Ministerio de Salud: “Salud Igual para Todos”, algo que hoy no solo no haría un ministro, para que no lo miren como sospechoso, ¡Sino que ni siquiera se le ocurriría!… Como cuando Esquivel nos decía – te comentaba pero me fui con los sentipensamientos -, allá en Bajo Mono, Boquete: “Cuando nacemos, lloramos y todo el mundo se alegra. Cuando morimos, es al revés. …¡Muchacho!”

(Cebaldo) Y así se va creando este cordón umbilical, este hilo que ata al dule con el ciclo agrícola, con la comunidad, con los sueños, la memoria, los ritos, las artesanías, la alimentación …y con la idea de que sobrevivir es sobre todo una experiencia colectiva!

Cebaldo Inawinapi y Jorge Ventocilla

Escritores y soñadores

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