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Memento a tormento

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En las entrañas recónditas de la tierra,

yo te quisiera disoluta pena,
perniciosa danzando en mi sangre,
insulsa a toda dicha, hilaridad
que tú disgregas sin duelo,
en la afrenta, disuasión es férvida,
pertinaz reto, desconsuelo,
en mi endeble vida,
perdido por tu breñoso suelo,

Disociarte de tus lances , es pérdida
de un tiempo que no me pertenece,
sólo a mi sino , si te insufla sentimientos ,
disuadiéndote de mi te alejes,
por otros senderos, en tu detrimento,
donde tu veneno, se vuelvan mieles,
y el viento te sea memento,
sofión de almas , vistosa corona,
y mi persona , al fin , cual rosa florida,
camine en donosura y contento,
baldía de ti, que me llevas por cautiva,
pena aflorada de impío momento

La miembro de la RIET Ana Arias Saavedra es pintora plástica,poeta,dramaturgo,escritora,fotógrafa y articulista. Este poema lo publicó en su página web.

Ya asoma el desastre

peces muertos

“No nos queda tiempo”, decía en mi último artículo de opinión, pero no pensaba que fuera tan poco. El ejemplo del Mar Menor, con peces boqueando en busca de un oxígeno que ya no tienen por culpa de la mano del hombre, es el espejo que nos muestra que mundo más horripilante nos espera si no hacemos algo ya mismo.

Las administraciones han mirado hacia otro lado demasiado tiempo y ya no vale cerrar los ojos. El desastre ecológico de esta laguna de Murcia es la historia de un disparate consentido y alentado que ha relatado un artículo de La Verdad. Causa desazón leer que en 1987, el Gobierno autonómico aprobó una ley pionera para proteger este ecosistema singular, pero nada más nacer, el PP, capitaneado por el exministro Federico Trillo, la denunció al Tribunal Constitucional. “Como telón de fondo estaban las pérdidas que podían sufrir los insaciables promotores de la zona y la industria del hormigonado en general”, narra la noticia. La Ley marcaba ya algunas medidas que se proponen hoy en un plan de choque para salvar la laguna, si es que tiene salvación. Total, solo ha pasado 32 años desprotegida, expoliada, envenenada, intoxicada, sentenciada y ahora, de esos polvos, estos lodos.

Trillo perdió la causa, pero en el 2001, el PP dio el golpe de gracia sacando una Ley del suelo a la que el Mar Menor tenía que adaptarse. Daba igual que pisoteara el Convenio de Ramsar sobre humedales y varias figuras de protección de aves y ecosistemas de la Unión Europea. Una vez más, lo que mandaba era el beneficio económico, aún a costa de hipotecar el futuro.
A todo esto, proliferaron las desaladoras ilegales para regar los campos, algunas tan ocultas que parecen instalaciones de narcotraficantes en vez de agrícolas y una tupida red de tubos y pozos ilegales han explotado los acuíferos sin dar ni un respiro.

La excusa es que nunca llegó el trasvase Tajo-Segura, otro argumento que clama al cielo. Si son tierras de secano, ¿se puede saber por qué se ha estimulado esta economía de regadío? ¿Acaso alguna mente preclara cree que convertirá las piedras en agua como si fuera un mesías haciendo el milagro del agua y el vino?

El desastre del Mar Menor puede hacernos abrir los ojos de una vez por todas y tomar medidas, que deberán ser drásticas o no estaremos a tiempo.
Algunos nos acordamos de cuando se instaló la industria petroquímica y secó todos los pozos de Tarragona. Agua de boca para la gran industria que ahora, 40 años después, sigue así. Tan solo se ha avanzado en usar agua de las depuradoras urbanas de Tarragona y Vila-seca-Salou, que suponen una pequeña parte de agua reutilizada de todo un gran caudal de agua de boca. El mini trasvase del Ebro ha sido un impulso para nuestro territorio, pero también aquí hago la misma reflexión: ¿Por qué hacemos una economía basada en el agua si somos zona de secano? ¿Por qué seguimos bombeando agua del río Ebro si los acuíferos ya están regenerados? ¿Por qué, a todo esto, pagamos el agua mucho más cara?
Podemos hablar de muchos y muchos ejemplos de la gestión del agua en Tarragona, pero eso ya será tema de otro artículo. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo hacia el desastre.

Ángel Juárez
Presidente
Red de Escritores por la Tierra
Mare Terra Fundació Mediterrània
Coordinadora d’Entitats de Tarragona

tanque

Tanques,
tanques,
tan, tan
tantos tanques.
Relucen al sol
los decorados pechos
de los oficiales.
Los aviones
y la marina,
con sus misiles
también desfilan.
Pasa ahora
al paso,
en batallones,
la infantería.
¡Cuántos pupitres, aulas,
libros, libres,
podrían salir
de esos fusiles!
Millares de soldados
y carros de hierro
abrillantados
mientras millones
viven inclinados,
de hinojos
suplicando siguen
hasta que tengamos
el coraje
de concluir la farsa
y, por fin, alzarles.

Federico Mayor Zaragoza, miembro de la RIET, tiene un extenso cv del que destacamos, por ejemplo, su faceta de político, diplomático, intelectual, poeta o escritor.
El mismo autor ha recuperado este poema desde su página web, con la aclaración de que “En marzo de 1990, siendo Director General de la UNESCO, escribí el poema que transcribo a continuación con mayor convicción todavía”.

El bosque de mis libros

libros
Descripción general de la obra
Se trata de un niño y tres niñas, Emiliano, Ara, Alva (en sueco se escribe con
“v”) y Matilda que ingresan por las páginas de un inmenso libro antiguo, al
bosque de los cuentos y de las poesías, donde, entre otras cosas, los árboles
dan libros. A partir de ese momento van a encontrarse con diferentes
escritores de literatura infantil y van a vivir junto a ellos algún suceso de la
vida de esos grandes creadores. Ellos, al final, también se harán escritores.
Las intervenciones de los personajes son en verso en brevísimas
apariciones por este viaje fantástico que es la vida. Otras son cantando
canciones o dialogando con melodías. Luego de la aparición de cada
personaje escritor, otros personajes colocan un árbol con libros en el
escenario, conformando así una escenografía en movimiento.
Personajes (un mismo actor o cantante puede interpretar varios personajes, sobre
todo los escritores)
niño Emiliano,
niña Ara,
niña Alva,
niña Matilda,
Hans Christian Andersen (Dinamarca), vestido de época, siglo XIX, pero
con alas de aeroplano.

El Escritor Anónimo, (personaje vestido con una túnica larga hasta los
pies y sostenida sobre un hombro con un gran broche. Sobre su cabeza
tiene una pequeña corona de ramitas de laurel, emula a Dante).
Jacob y Wilhelm Grimm (Alemania), vestidos como duendes.
Charles Perrault (Francia), con peluca de rulos al estilo siglo XVII y un
títere en su dedo pulgar.
Lewis Carroll (Inglaterra), aparece con una máquina antigua de fotografía
Gustavo Adolfo Bécquer (España), vestido muy elegantemente portando
una gran pluma.
Julio Verne (Francia), vestido de aviador antiguo.
Federico García Lorca (España), de camisa y pantalón, lleva dos
máscaras en sus manos.
Astrid Lindgren (Suecia), anciana de falda larga.
Horacio Quiroga (Uruguay), vestido de cazador que en lugar de arma
lleva una computadora
Gianni Rodari (Italia), vestido de cocinero
Katherine Paterson (Estados Unidos), vestida con un sombrero lleno de
flores
Geisha, muchacha japonesa vestida como tal.
Michio Mado (Japón), vestido como samurai.
Uri Orlev (Israel), vestido como hombre del desierto.
Ana María Machado (Brasil), vestida como bahiana, con sombrero de
frutas.
Lyman Frank Baum (Estados Unidos), vestido como un mago.
Tormod Haugen (Noruega), con sombrero con pluma y alas en su espalda
Tahar Ben Jelloun (Marruecos) vestido como hombre del desierto

“El bosque de mis libros” es una obra de dramaturgia de nuestro socio Ignacio Martínez que puede descargarse desde la web Dramaturgia uruguaya

Otoño en la rambla

otoño
El otoño suele sentirse como una estación de tránsito. La cruzamos entre la nostalgia del estío que acabamos de dejar y los preparativos que tomamos para enfrentar el filoso invierno que nos espera agazapado entre las luces de la próxima Navidad.

Más allá, mucho más allá, siempre juvenil y colorida, la primavera parece esperarnos en una cita de abriles y días de rosas y de libros. El otoño ha bajado a la Rambla. Y se nota. Ya no son tan jóvenes los turistas que la caminan, ya va mermando el verde de sus árboles, que resisten polución y otras amenazas. Y por las tardes, la gente pasea con una chaquetilla al hombro, “por si refresca”.

Las esforzadas y esforzados trabajadores de la limpieza bregan con impotencia (pasando la escoba de arriba a abajo o con una simpática máquina ad hoc) contra las hojas que parecen caer sin fin desde un cielo de selva. Una y otra vez. El otoño los vence. Las baldosas ondulantes de la Rambla se enmoquetan de naturaleza invencible como para demostrar que no hay brigada que, con toda la tecnología punta, pueda con ella.

Las estatuas vivientes esconden una o dos camisetas debajo del disfraz. Y aquellos que se muestran a pecho descubierto -indios, odaliscas, habitantes de neveras- ya están pensando qué nueva práctica y protectora imagen van a preparar para estos duros y no tan fructíferos meses. Hasta el perro de Paco -ese que le hace coro a su dueño en sus rítmicas salmodias- luce ahora más abrigado, dispuesto a resistir el frío y seguir, ahí, quietecito y dócil, soportando decenas de caricias y miles de fotografías. Hay una cordialidad otoñal en la Rambla. Una suave ralentización en el andar, en el aire seráfico del paseo. Todo parece más tranquilo y más cercano. Promedia la mañana con un solecito que “da gusto” y la tarde cae como una caricia. Los noctámbulos se guían por las luces de los kioscos que nunca duermen. La Rambla está de otoño. Siempre guapa.

El escritor y poeta Eduardo Mazo es miembro de la RIET. Este artículo fue publicado en el blog del autor y en el periódico La Vanguardia