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“¡Aquellos diciembres!” por Cebaldo Inawinapi

Ilustración de Ani Ventocilla King.

Ilustración de Ani Ventocilla King.

La memoria de mis primeros diciembres tiene que ver con fiestas y rituales que a mis aldeas fueron arribando por vías de otras culturas y sus mensajeros. Aquellas novedades relacionadas con el Día de la Madre y las navidades y los preparativos de la llegada de un nuevo año.  También, están en mi memoria los cambios estacionales: las aguas del mar que suben, el viento que llega desde el norte, las olas que parecen más agitadas y juguetonas.  Y después, con el paso de los años en nosotros, el fin de cada ciclo escolar: ¡Qué alegría, llegaron las largas vacaciones!

Y aparecieron también los cambios en la dieta en la vida de muchos dule, que por efectos de estas relaciones con la ciudad y con el mercado y sus ofertas, el rey de la mesa para celebrar el día de Navidad empezaba ser el puerco, el pavo y los macarrones. Usdup, en estos meses de diciembre y enero la tenia difícil con la pesca a mar abierto. Además, casi no hay una isla cercana, ¡solo Usdup y el mar!  Pero claro, siempre se conseguía algún que otro pescado en esos tiempos de olas y vientos rebeldes.

A pesar de los cambios creo que nunca faltaron en aquellos días de diciembre las sopas clásicas de la tribu, en especial las de moe (zapallo).  Otras alegrías eran ver las tiendas de la aldea, invitar a los comuneros a comer o a disfrutar de algún jugo natural, o los regalitos para los niños.  La fiesta era colectiva, porque muchas casas participaban ofreciendo sus artes y sus sabores, a los vecinos o a los nuevos invitados.

Es decir, no era la historia del nacimiento de un salvador sino el disfrute de las alegrías de todos, de las comidas en grupos, de saltar de tienda en tienda para conseguir alguna sorpresa. Y así fuimos creciendo y ya más “adultos”, en nuestra adolescencia, la misa de media noche en la iglesia católica también era otro disfrute. Palco o centro de nuestras primeras conquistas también porque no habiendo luz eléctrica, las calles se iluminaban tan solo de los guiños de las estrellas o de alguna luna llena o medio llena. Era la noche tiempo ideal para encontrarse con la amiguita o con los amigos, o preparar una cena clandestina en alguna cocina de un amigo; el menú solía ser arroz acompañado de pescado o macarrones o unas latas de sardinas (de esas marca “Ligo”) y como bebida café o “Kool aid”. Bueno, dirán los analistas de hoy: “nada orgánico”. Pero todo era sabroso y compartido, cada uno cooperaba con 3 o 4 cocos para cambiarlos por productos en la tienda, o estos eran ligeramente “expropiados” de las cocinas de nuestras casas…

Años después viajé para otro continente a seguir la vida de estudiante y la isla, la ciudad de Panamá y otras aldeas de mi Casa Grande, quedaron a miles de kilómetros de distancia. Rusia fue una estación importante y fundamental en mi vida. Además de los diplomas, salí de estos 6 años de experiencia con el titulo de papá y apasionado por una portuguesa, que continúa siendo la compañera de mi vida.

La navidad en Rusia era celebrada principalmente por estudiantes extranjeros. Y en aquellos días de diciembre se mezclaban ahora olores y sabores de tantas partes del mundo. Aprendimos a sentir y a vivir sabores y canciones de Colombia, de Portugal, de Angola, de Austria… Y la alegría de una noche de socialización y regalos, a pesar del duro invierno ruso, que golpeaba nuestra ciudad con tantos grados bajo cero. En las residencias de estudiantes, la calidez de las amistades y los encuentros fueron suficientes para calentar estos días. Qué bella escuela de vida fueron esos años en la antigua URSS.

Y en Rusia comenzó mi aproximación a Portugal y a su cultura, ya que Alice era de S. João da Madeira, o sea, de una aldea portuguesa. Recuerdo que en 1979 tuve mi primer contacto sensorial con lo que es la navidad portuguesa: bacalao, legumbres, muchos dulces y vino de Porto.

Nunca imaginé que muchas lunas después, en otro continente y sobre otros cielos, iría a revivir el sabor de las alegrías del mar de mi infancia, en la Navidad. Y no puedo estar ahora sin un sabroso plato de bacalao o pulpo. ¡Sabor de mar, es mi Navidad!

Cebaldo-inaqinapi

Cebaldo de León Inawinapi

Antropólogo, maestro, historiador y escritor y potenciador de lo Kuna. 

Miembro de la RIET.

https://www.inawinapi.com/

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