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Oda al tigre

 

jaguar poema riet

 

 

 

 

Oh Jaguar

eres mágico

silencioso,

mítico,

por eso

las etnias primigenias

siempre te han venerado,

eres un Dios para ellas.

Sos extremadamente ágil

apareces y desapareces

como por encanto,

-fuerte-

como un huracán,

cuando ruges

los animales de la selva se crispan,

es oír tronar

con rayos y centellas;

pero cuando ronroneas

eres dulce,cariñoso

y te encanta jugar

con las sombras,

con ramillas y guijarros,

pero más con la luna,

cuando es media noche

en noche de Luna llena

y tienes sed,

vas a tu poza preferida

la ves rielando

ondulante y juguetona

serena y brillante,

y sigues jugando y jugando,

porque guardas

en tu corazón

el encanto

de tus cachorros.

Cuando matas

matas por hambre

para tí y para tu progenie mimada,

no por vicio y degradación …

lo haces como un sagrado acto

de natural sobrevivencia.

Tus ojos

tus bellísimos ojos

son fulgurantes,

profundos

hipnotizantes.

Y a veces

desde lo más recóndito

de tus genes ancestrales,

te transformas en Pantera,

y hasta la noche

se inclina ante tí.

 

        Luis J.Poveda De Álvarez es escritor y miembro de la RIET

 

 

Matices y matices

mar

 

Matizar es, según el diccionario, “Graduar con delicadeza sonidos o expresiones conceptuales”; “Juntar, casar con hermosa proporción diversos colores, de suerte que sean agradables a la vista” y “Dar a un color determinado matiz”. Los subrayados son míos porque desde Mediterrània, nos podríamos pasar el día desmatizando temas que llegan a la ciudadanía con delicadeza, agradables a la vista y de una forma determinada aunque, bajo esas capas de colores, sigan igual de áridos y poco agradables a la vista.

Mediterrània no dice, entre uno de tantos ejemplos, “distribución espaciotemporal optimizable en la atención asistencial”, sino “listas de espera y colas en la sanidad pública”. Lo que viene siendo lo de llamar las cosas por su nombre de toda la vida.

Así que, sin matiz alguno, Mediterrània lleva décadas trabajando para mejorar el Camp de Tarragona con especial atención al medio ambiente y los valores sociales, con la ilusión de que personas e instituciones dejen de lado partidismo e intereses personales y apuesten por proyectos de ciudad, del Camp de Tarragona y por el bien común.

A pesar de una larga trayectoria, al ser independientes, seguimos siendo una ONG modesta, con los recursos propios de una entidad sin ánimo de lucro, con nuestras virtudes y nuestros fallos, sujeta a la mirada pública, pero sobre todo, a la nuestra, a la de actuar con la conciencia tranquila de querer un Camp de Tarragona mejor.

Si se buscan matices, se encuentran…o no.

 

¿Qué matices tiene morir ahogado en el Mediterráneo por huir del horror, del fanatismo, la pobreza o sufrir una vida agónica en tu país? ¿Qué matices tiene cerrar los ojos ante esta tragedia humana se desarrolla ante nuestros ojos en el tiempo real de las televisiones y de los medios digitales?

Entre los blancos y los negros, está el gris. Pero sí solo nos movemos en la franja de los grises, en los matices de los grises, acabaremos siendo grises nosotros también. El color de la contaminación, sin colorido ni vida.

Hay veces en que hay que decidirse entre el blanco o el negro, posicionarse de forma clara, mostrar compromiso en vez de querer quedar bien con todo el mundo con delicadeza y de forma agradable a la vista.

Nos guste o no, la realidad que vivimos es la nuestra y desde Mare Terra Fundació Mediterrània, en vez de maquillar preferimos abordar la crudeza de frente con la denuncia pública, la concienciación y el compromiso.

Matices para ponerse en la piel de otros y entender su mirada, sí. Matices para seguir confundidos con lo gris, desapercibidos en zona segura, nunca.

Y entre matices y matices,  seguiremos hablando claro. Lo que viene siendo desmatizando de toda la vida.

Ángel Juárez. Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània

Se han presentado 26 obras de 15 países al I Premio internacional literario de la RIET

 

LOGO PREMIO LITERARIO

 

 

En total, se han presentado 26 obras literarias procedentes de lugares tan diversos como España, Argentina, Bolivia, Uruguay, Honduras, México; Costa Rica, Nicaragua; los Estados Unidos, Perú, El Salvador, Cuba, Chile, Colombia y Brasil.

El premio consiste en una tirada de 1.000 ejemplares impresos de la obra ganadora y los gastos pagados para asistir a la gala de los XXV Premios Ones Mediterrània, que se celebrará en el Teatro Metropol de Tarragona el próximo 7 de junio. El libro de la obra ganadora se repartirá entre los asistentes a la ceremonia de los Premis Ones.

Este primer concurso literario quiere impulsar los valores humanistas, la ecología social, el pensamiento libre, la igualdad de oportunidades, la justicia universal, el diálogo intercultural, la cultura solidaria, la fraternidad y, en definitiva, el compromiso con la protección de nuestra Madre Tierra.

El certamen literario ha tenido una amplia difusión en España y en el continente americano, donde ha tenido un impacto en las redes sociales de más de 100.000 personas, con una elevada interacción.

“El concurso pretende ser una primera plataforma de promoción de escritores no profesionales, para que puedan compartir su obra bajo el paraguas de la RIET, entidad impulsada por Mare Terra Fundación Mediterrània que cuenta ya con más de 900 miembros”, explica el presidente de Mediterrània, Ángel Juárez.

Por su parte, el presidente del Ars, Jorge Pascual, destaca la “buena participación” del certamen y vaticina que “la difusión del premio y la entrega de reconocimientos el 7 de junio en Tarragona, generará ” la visibilidad y el interés en una mayor participación de los escritores por la tierra y la humanidad “.

Lecciones no aprendidas

feb19-MARCHA-MANAGUA-AZUL-Y-BLANCO

Tras solventar muchas dificultades, invitados por el régimen, luego desinvitados, y vueltos a invitar, los once miembros de una misión del Parlamento Europeo, en la que todo el espectro político estaba representado, pudieron cumplir por fin su visita a Nicaragua propuesta desde noviembre del año pasado.

El presidente de la misión, el eurodiputado Ramón Jáuregui, presentó antes de partir unas conclusiones terminantes sobre la urgente necesidad del cese de la represión, la libertad de los presos políticos, la restitución de la libertad de información, y el restablecimiento de la democracia por medio de elecciones confiables.

Y en sus declaraciones Jáuregui dijo algo que parecería obvio pero en Nicaragua resulta esencial: “la democracia tiene una regla que es aceptar la posibilidad de la derrota”. Es decir, el que compite por el voto popular, sobre todo si lo hace desde el poder, debe estar dispuesto a perder, y aceptar que perdió.

Es lo que hizo el Frente Sandinista tras las elecciones de 1990, cuando los votantes decidieron confiar la presidencia a doña Violeta de Chamorro, y otorgaron a la oposición la mayoría en la Asamblea Nacional y en los gobiernos municipales: aceptó la derrota sin dilaciones ni mañas, y eso le dio entonces el inmenso prestigio de haber entregado por los votos el poder ganado por las armas una década atrás, hará ahora cuarenta años.

Hasta entonces la filosofía dominante había sido la del poder popular confiado a la vanguardia por una especie de voluntad divina. Las revoluciones eran, además, invencibles. ¿Dónde se había visto que el pueblo mismo fuera a derrotar a una revolución popular forjada con sangre? Pero ocurrió.

Dos años antes de la derrota, en enero de 1988,  Carlos Fuentes hizo una visita a Nicaragua. Lo acompañaba el periodista Stephen Talbot, que escribía un reportaje sobre el escritor mexicano para la revista Mother Jones.

En una de las conversaciones que sostuvo Fuentes con los dirigentes sandinistas se habló de las posibilidades que tenía la contra de ganar la guerra, recuerda Talbot, y el comandante Tomás Borge “dijo decididamente que algo así era imposible porque los contras van a contrapelo de la historia”.

Fuentes interrumpió para preguntar: “¿Y cuál fue la experiencia de Guatemala en 1954 y de Chile en 1973? ¿No se demostró que la izquierda puede ser derrotada?”. “No”, respondió Borge, cortante. “Ellos no armaron al pueblo, por eso perdieron”.

Después se discutió sobre el tema de las elecciones y los partidos de oposición. “Borge dijo que su opinión personal era que ningún partido de oposición podía llegar a ganar a los sandinistas en las urnas. “Ahora no”, asintió Fuentes, “pero en el futuro, ¿por qué no?”. “Sólo si son antiimperialistas y revolucionarios”, proclamó Borge, “si un partido reaccionario ganara, yo dejaría de creer en las leyes del desarrollo político”. “Yo no estaría tan seguro de esas leyes”, advirtió Fuentes”.

Aquel futuro no estaba tan a largo plazo. Pero tras la admirada aceptación de la derrota de 1990, el Frente Sandinista perdió la oportunidad de recuperar los espacios electorales que había perdido, luchando bajo las reglas democráticas para conquistar de nuevo la mayoría de los votantes. El criterio obsoleto de la vanguardia dueña de la verdad, y que representa al pueblo aunque tenga en contra la mayoría, volvió a imponerse.

Y cuando Daniel Ortega, tras tres derrotas electorales logró por fin ganar en 2006, no lo hizo porque tuviera de nuevo esa mayoría, sino porque selló un pacto con Arnoldo Alemán, entonces caudillo del partido liberal, por medio del cual se reformó la Constitución para que pudiera ganar en primera vuelta con el 35% de los votos, la cifra máxima que el eterno e insustituible candidato del Frente Sandinista había logrado sacar. Unas reglas electorales confeccionadas a la medida.

Por lo que ha sucedido a partir de entonces, estoy convencido de que Ortega se hizo la promesa de no volver a perder nunca, con lo que, a lo largo de estos años, en su esquema de preservación del poder a toda costa, ha estado ausente la voluntad de aceptar que la derrota es una regla esencial de la democracia.

Y hay otra cosa que en su comparecencia Jáuregui agregó a las reglas de oro de la democracia: el poder no es un fin en sí mismo, sino un medio para realizar un programa de gobierno. Asegurarse la permanencia en el poder, ya sea violentando los procesos electorales, o por medio de la represión y la violencia, sólo es capaz de acarrear crisis tan profundas como las que hoy vive Nicaragua.

Se cierran las salidas porque si la solución son unas elecciones en las que el que quiere quedarse para siempre en la silla presidencial se arriesga a perderlas, esa solución no será viable. El poder no puede ponerse en juego, la derrota no es una opción. Por eso es que resolver la crisis que amenaza con destruir al país se hace tan difícil.

Y por eso es que los reclamos por un diálogo nacional no son escuchados; porque un diálogo lleva necesariamente a hablar de elecciones limpias, justas, con jueces imparciales y honestos, vigiladas internacionalmente. Ese es el atolladero del que hay que salir.

Hay que buscar como Ortega escuche a todos quienes le dicen, igual que el eurodiputado Jáuregui, que la democracia tiene una primera regla, que es aceptar la posibilidad de la derrota. Porque unas elecciones de una sola cara, con el mismo ganador, ya no son posibles en la nueva realidad que vive Nicaragua. Sólo harán más profundo el abismo.

La creencia de que el poder es un fin, y no un medio, es a estas alturas catastrófica. Y el reclamo para que el país empiece lo más pronto posible a vivir bajo un régimen de democracia abierta, de libre opinión, y elecciones transparentes, es lo que la inmensa mayoría de los ciudadanos quiere.

No hay que desmayar en esa insistencia, porque el diálogo, y las elecciones justas, son la única salida posible.

Masatepe, febrero 2019

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La tejedora de sueños

Mercedes (2)_editedPor la calle de las palmas, en una casa roja, vive María Mercedes Bustos.

Esta abuela de 85 años es uno de los símbolos femeninos de la tradición y sabiduría del municipio de Quebradanegra.

Hoy nos compartirá cómo fueron los hilos de su vida.

Por: Paola Jinneth Silva
 
Mercedes nació un 8 de junio de 1932 cuando estas tierras eran mucho más verdes y salvajes. Una vida dura la recibió e hizo de ella un alma noble pero trabajadora. Recuerda que se crió junto con sus padres. Su Padre, Carlos Julio Bustos, era un aguerrido arriero que trabajaba bajo la lluvia y el sol espantando las mulas que cargaban el café. Una actividad prospera y dura que en esos tiempos marcaría bastante la creación de escuelas y organizaciones campesinas del municipio.

No obstante don Carlos muere muy joven, “Tenía 35 años de edad cuando una mula le pateo los riñones. En esa época lo vio un Tegua, que era como decir un médico. Él lo opero, pero como ignorantes no lo cocieron. Yo tenía nueve años y le ayudaba a atenderlo. Duro en cama padeciendo un año” Recuerda Mercedes.

Fue así que su madre, Doña Julia Garzón, quedo sola criando a 7 hijos. “Eran épocas más duras para las mujeres” cuenta Mercedes, pero su madre era toda una profesional. Desde muchas generaciones atrás las mujeres de su familia fueron heredando un saber especial que llego a su madre de manos de su abuela Domitila.

Doña Julia cogía los cogollos de la palma de iraca, los arreglaba, los cocinaba y los ponía a secar al sol.  Al final hilos blancos que pasaban danzando entre sus dedos terminaban de diferentes formas y diseños que luego lucían las cabezas de hombres y mujeres. Su especialidad eran los sombreros de iraca.

“Éramos cuatro tejiendo en la casa. Así nos ganábamos la vida. Como yo ayudaba en los quehaceres de la casa sólo tejía dos sombreros a la semana, en cambio mis hermanas se hacían seis. Con eso me compraban zapatos y vestidos. Esa era mi ilusión”

Haciendo caminos

“Mi mamá salía a las tres de la mañana para Útica por un camino rial que había por la vereda Santa Bárbara. Yo la acompañaba cada quince días por esa trocha tan fea. Ella se hacía un almuerzo en hoja de plátano y se echaba sus 20 sombreros para vender ese lunes, que era el día de mercado. Vendíamos a un centavo el sombrero. Eso era barato. Compraban los campesinos, pero sobre todo un señor que conocimos como Antonio. Él nos mostraba fotos en el aeropuerto y era muy conocido porque se los llevaba a otros países. Ya cuando terminábamos de vender nos devolvíamos tipo 4 0 5 de la tarde y llegábamos aquí al pueblo a las 8 de la noche”

Esos eran los destinos de estas mujeres tejedoras. “Ella a veces se iba sola. Siempre se sufría mucho. Mis hermanos eran 4 hombres y 3 mujeres, los hombres iban al campo y nosotras en la casa y el tejido”.
Mercedes aprendió mirando a su madre “Antes no se enseñaba como ahora, uno aprendía era viendo. Yo aún recuerdo el proceso para hacerlo, pero ya casi no hay palma de iraca, toca es comprarla. Igual a veces me traen y yo les tejo”
 Los retoños de Mercedes
 
Mercedes tejió con juicio hasta los 19 años. A esa edad recuerda se enamoró. Conoció a don Álvaro Martínez quien nació en Nimaima y de Tobia llegó a estas tierras a trabajar. “Me toco duro, como profesora, eso era repita y repita. Hicimos 16 hijos” Su compañero, cuenta, falleció hace 36 años y desde entonces no conoció más hombres. “Una fiebre muy terrible le dio. Era como dengue y no la resistió”
Así continuo su vida con sus hijos y tejiendo por encargo. El saber que su madre le dejo fue su carrera para la vida además de cursar hasta tercero contando con la dicha de saber leer y escribir. “Hago sombreros con aliscos (punta alta) y cachuchas. Nunca tinture la paja, siempre mi tradición fue mantenerle el color original. El blanco”. Explica.

Después hicieron concursos de los cuales recibió el reconocimiento por su arte: “En el colegio me gane un premio por un tejido de una mesa con asientos hechos en paja. Un programa de televisión que se llamaba Momento Cultural me entrevisto, me han invitado a Bogotá y las fotos de mis manos tejiendo salen en el festejo del año 300 del municipio. Ahora ninguna de mis hijas teje para vivir, Carmenza lo hace para consentir a sus hijas y Edilma hacia antes esteras que le compraban para los presos. Aun así, me queda un nieto que teje. El Diego”.

Mercedes no sabe cuántos sombreros tejió sus manos y tampoco sabe con exactitud los bisnietos que ha retoñado gracias a su saber. Así que con su familia hicimos la cuenta de tres generaciones: 16 hijos, 29 nietos y 16 bisnietos.

Toda su historia la hace sentir orgullosa “Para mí el tejido es importante, es mi vida y me ilusiona, me hace feliz porque desde pequeña lo hacía y lo recuerdo con gusto. Ahora los hijos no me dejan tejer mucho porque me duelen las manos y la vista, pero cuando me encargan los hago. Una vez por ejemplo me encargaron uno y con eso tuve para pagar mi recibo de la luz. Ahora es difícil tejer porque toca comprar la iraca, pero el sombrero vale más, puede estar a 50.000, aun así, no se venden como antes.

Y mientras terminamos de conversar le pido a Mercedes que me regale una foto de su sonrisa, de esa alegría que gracias a un saber creado por muchas abuelas atrás y que nació del conocimiento y la relación con la palma de iraca, hoy ella nos comparte con una imagen: Ella una abuela aguerrida con sus blancos cabellos y con su blanco sombrero. Mercedes siempre estuvo creando historia y preservando un saber que depende de las nuevas generaciones continuar.
Apunte: La palma de iraca, cuyo nombre científico es Carludovica palmata crece en zonas húmedas de nuestro territorio. Las cintas que se pueden sacar del cogollo que es la formación de sus hojas, que junto con el proceso de cocinado y secado al sol permite fibras tan resistentes y manejables como para que se conviertan en un hermoso sombrero.

Articulo publicado: Revista El Armadillo 2018