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Noticias por etiqueta: Confinamiento


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Días y días

confinamiento

Madrid. 10 de mayo de 2020. 

Parece que se paró el reloj de repente, que se detuvo dándose de bruces contra una realidad difícil de comprender y que nos ha dejado a ratos sin aliento. Desapareció la vida de las calles y así quedaron mudas y vacías y solas, nunca antes las había sentido así, ni en mis peores sueños. Y esa vida se encerró en los refugios individuales de cada uno de nosotros, llámense nuestras casas y por caminar más profundo, dígase nuestros adentros.

Y ahí seguimos, en esa profundidad en la que nos miramos hoy con un detenimiento inusual porque quizás nunca tuvimos la oportunidad que nos brinda este cruel desencuentro. Y a veces nos asustamos de lo que vemos, otras nos abrazamos y lloramos y nos reconfortamos con nuestro propio beso y en otras ocasiones nos perdonamos porque por fin cuidamos de heridas que nunca curamos con esmero y que cicatrizaron solas como buenamente pudieron.

Este encierro nos ha cambiado, estoy segura, y no solo nuestra agenda diaria, nuestros hábitos más cotidianos, nuestro ir y venir rápido, sino también esos rincones que albergamos en nuestro interior más íntimo y que después de tantas semanas confinados descubrimos que existen y que ayer también existieron, aunque con telas de araña por haber dejado de visitarlos hace demasiado tiempo.

No sé tú lector, pero yo vivo sola y en esta soledad he sentido durante semanas la presencia en mi interior de un ser que parece que se me comía por dentro, que me iba restando fuerzas, que iba ganando espacio en mi cuerpo y que poco a poco me ha ido debilitando hasta acabar en una fatiga que aún trato de vencer desde mi encierro.

En medio de ese ejercicio de “mirarme al espejo” como hace años no había hecho, creo que me ha acompañado el virus maligno y letal que se ha cobrado tantas vidas y tanto sufrimiento. Luché contra él con todas mis fuerzas, tratando de ganarle en cada momento, sin rendirme, sin permitirle ni un centímetro más al día, pero no siempre lo logré con ese instinto humano de supervivencia que todos tenemos. Tras mes y medio de batalla y ya sin restos importantes en mi cuerpo, sigo recuperándome, y he de confesar que hoy por hoy ya no sé muy bien si de aquello, de esto, o de lo que llevaba arrastrando durante años en este ir y venir de locos, de falta de aire, y de tan desordenado movimiento.

Estos días en los que puedo respirar ya sin apenas esfuerzo después de curar una neumonía que me ha mantenido en silencio, me pregunto si merecen la pena tantas y tantas cosas que hice y que pasé durante tantos y tantos fríos inviernos. Y digo inviernos, porque a veces fue mi cabeza y mis disparatados gestos los que convirtieron las primaveras en estaciones frías alejadas de la alegría propia del buen tiempo.

Sea como fuere, hoy deseo con todas mis fuerzas que pase este sufrimiento, que dejemos de despedir a tantos seres humanos que no han podido vencer al maldito bicho del infierno. Hoy deseo con todas mis fuerzas que volvamos a ser libres, pero libres sin miedo, sin miedo a abrazarnos, sin miedo a querernos, sin miedo a volar por lo que anhelamos, pero ya no por el peligro a contagiarnos, sino sin miedo a vivir la vida como nunca antes lo habíamos hecho, protegiéndonos y cuidándonos del daño pero con el corazón bien abierto a lo más bello.

Porque señores y señoras, aunque parezca que el tiempo se ha detenido, el reloj sigue corriendo y con él la vida y con ella nuestros sueños. Por eso humildemente me atrevo a decirles esto, que no dejemos para mañana lo que podamos convertir hoy en realidad con tan solo una o varias muecas, con uno o varios acertados aspavientos.

Suerte a todos, mis lectores valientes, y sigamos en ese empeño para que cuando quiera dios que nos abran la puerta de este refugio de ángeles y demonios y de algún que otro deseo, seamos más libres que nunca, fieles a nosotros mismos y a nuestros sentimientos y sin olvidarnos nunca de aquellos que estuvieron ahí en nuestros peores inviernos.

Gemma Rodríguez en los Premis Ones 2019

Gemma Rodríguez en los Premis Ones 2019

                                                                                                                 Gemma Rodríguez Betrián

Miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Consejos y espiritualidad para el encierro y la cuarentena

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Diez consejos para enfrentar el encierro

Frei Betto

Estuve en prisión bajo la dictadura militar. Durante mis cuatro años en prisión, me encerraron en celdas solitarias en el DOPS de Porto Alegre y en la capital paulista, y también en el estado de São Paulo, en el cuartel general de la PM, en el Batallón ROTA, en la Penitenciaría del Estado en Carandiru y en la Penitenciaría Presidente Venceslau.

Comparto, por lo tanto, 10 consejos para apoyar mejor este período de encarcelamiento forzado por la pandemia:

1. Mantén el cuerpo y la cabeza juntos. Tener el cuerpo confinado en casa y la mente enfocada hacia afuera puede causar depresión.

2. Crea una rutina. No te quedes en pijama todo el día, como si estuvieras enfermo. Establece una agenda de actividades: ejercicio físico, especialmente aeróbico (para estimular el sistema respiratorio), lectura, limpieza de armarios, limpieza de habitaciones, cocina, búsqueda en Internet, etc.

3. No pases todo el día delante de la televisión o del ordenador. Diversifica tus ocupaciones. No hagas como el pasajero que se queda en la estación todo el día sin la más mínima idea del horario del tren.

4. Usa el teléfono para hablar con familiares y amigos, especialmente los ancianos, los vulnerables y los que viven solos. Entretenerlos les hará bien y a ti también.

5. Dedícate al trabajo manual: repara equipos, arma rompecabezas, cose, cocina, etc.

6. Juegos mentales. Si estás en compañía de otras personas, establece una hora del día para jugar al ajedrez, a las damas, a las cartas, etc.

7. Escribe el diario de la cuarentena. Aunque no tengas intención de que otros lo lean, hazlo para ti mismo. Poner ideas y sentimientos en el papel o en la computadora es profundamente terapéutico.

8. Si hay niños u otros adultos en casa, comparte las tareas domésticas con ellos. Organiza un programa de actividades, momentos de convivencia y momentos en que cada uno vaya a su aire.

9. Medita. Incluso si no eres religioso aprende a meditar, ya que esto vacía tu mente, retiene tu imaginación, evita la ansiedad y alivia la tensión. Dedica a la meditación al menos 30 minutos al día.

10. No te convenzas de que la pandemia terminará pronto o que durará tantos meses. Actúa como si el período de reclusión fuera a durar mucho tiempo. En prisión, nada peor que un abogado que asegura al cliente que recuperará su libertad en dos o tres meses. Esto desencadena una expectativa agotadora. Así que prepárate para un largo viaje dentro de tu propia casa.

*Frei Betto es miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra, escritor y teólogo de la liberación.

Algunos puntos para la vida espiritual de los de cuarentena

Leonardo Boff

Dado que la cuarentena es un retiro forzado, haz como los religiosos y religiosas que deben hacer un retiro todos los años. Es la oportunidad de hacer una revisión del rumbo de la vida.  Algunas sugerencias para la dimensión espiritual de la vida:

1. Toma tiempo para ti y haz revisión de vida.

2. ¿Cómo ha sido mi vida hasta ahora?

3. ¿De qué lado estoy? ¿Del de aquellos que están bien en la vida, o del lado de los que tienen alguna necesidad, de los que necesitan una palabra de consuelo, de quien es pobre y sufre?

4. ¿Cuál es mi opción fundamental? ¿Ser feliz por todos los medios? ¿Acumular bienes materiales? ¿Conseguir estatus social? ¿O ser bueno, comprensivo, dispuesto a ayudar y apoyar a quienes están en peor situación?

5. ¿Puedo tolerar los límites de los demás, a los aburridos, controlarme para no responder a las tonterías que escucho? ¿Puedo dejarlo pasar?

6. ¿Puedo perdonar de verdad, pasar página y no ser rehén de resentimientos y malos juicios?

7. ¿Puedo encontrar las palabras correctas cuando tengo que decir algunas verdades y llamar la atención sobre los errores o equivocaciones de otros que están relacionados conmigo? ¿O van directamente, agresivamente, humillando a la persona?

8. ¿Cuando me levanto por la mañana, digo una oración con el pensamiento, no necesita ser con palabras, pidiéndole a Dios que me proteja a mí, a mi familia y a aquellos con quienes vivo y trabajo? ¿Y por la noche, antes de ir a dormir, elevo mi mente a Dios, incluso sin palabras, para agradecer el día, por todo lo que ha sucedido y por estar vivo?

9.Que lugar tiene Dios en tu vida? ¿Quieres intentar unos minutos de meditación pura, donde solo Dios y tú estéis presentes, olvidando un poco  el mundo? Simplemente levanta la mente y ponte en silencio ante Él. He escrito un pequeño libro: Meditación de la luz: el camino de la simplicidad, un método que une Oriente y Occidente, dejando que un rayo de luz de lo Alto penetre en todo tu cuerpo y en tus puntos de energía (chakras) y transfigure tu vida. Son suficienes apenas algunos minutos.

10. ¿Tienes el coraje de fomentar una actitud de entrega total a Dios, sabiendo que siempre estás en la palma de su mano? Todo lo que sucede proviene de su amor. La muerte es como un nacimiento y nadie ha visto su propio nacimiento. En la muerte, sin darnos cuenta, caeremos en los brazos de Dios Padre y Madre de infinita bondad y misericordia. No olvides nunca las palabras reconfortantes de la Primera Epístola de San Juan (3,20): “Si tu corazón te acusa, debes saber que Dios es más grande que tu corazón”. Entonces, parte en paz bajo el manto de la infinita misericordia divina.

*Leonardo Boff es miembro de la Red de Escritores por la Tierra, escritor, filósofo y teólogo.

Confinamiento: un antes y un después

Tarragona confinada

Tarragona confinada

Estamos viviendo un momento realmente excepcional y, cuando consigamos que todo termine, nos daremos cuenta. La sociedad está cambiando a una velocidad de vértigo. Y algunos de los cambios son positivos. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, la contaminación se ha reducido un 35%. Por esto, creo que en estos momentos tan difíciles, debemos pararnos a pensar, reflexionar y encontrar lo bueno que podemos sacar de todo esto.

Para mi, es muy positivo que la sociedad se esté dando cuenta de todas las cosas que no están bien. Quizás no de todas, pero sí de muchas, empezando por una que es vital, la sanidad.

A día de hoy todo el país se da cuenta de la precariedad que sufre nuestra sanidad pública. Necesitamos más centros sanitarios públicos, más personal y más material. Pero echemos la vista atrás y analizamos porqué. Esto es consecuencia de la privatización de hace 10 años y de los polémicos, pero olvidados, recortes con nombre y apellidos y, por supuesto, con cómplices. El confinamiento actual es una lucha contra el COVID-19, pero también responde a la falta de recursos y de preparación de nuestra sanidad. Pero no confundan mis palabras. La culpa no es de los profesionales sanitarios que están trabajando duramente, sino de los dirigentes. Por suerte, esto está saliendo a la luz y, con esto, muchos de los causantes de lo que estamos viviendo.

Desde la Coordinadora de Entidades de Tarragona llevamos años denunciando las listas de espera y la precariedad laboral, y luchando por una sanidad pública de calidad. Personalmente, en muchos momentos he pensado en tirar la toalla. Me he desesperado viendo la pasividad social. Me he desanimado, por ejemplo, en algunas reuniones de la Plataforma de Salut, donde hablamos de salvar vidas y de temas sociales fundamentales, y acudían muy pocas personas. ¿No importa la vida digna? Me pregunto a veces.

Durante las últimas décadas la sociedad ha estado desmovilizada. La lucha contra la pobreza o los desalojos ha quedado prácticamente obsoleta. Las reivindicaciones de enseñamiento, sanidad, sectores de dependencia o ecológicas, estaban paradas.

En esta cuarentena estamos empezando a valorar los servicios básicos, agradecemos tener agua luz, comida e incluso telecomunicación. Vemos la importancia que tienen estos servicios. Pero no podemos olvidar, que no todas las personas los tienen. Y mientras haya una persona que no disponga de esto, será una sociedad injusta.

Según la “queridísima, adorada y tan mencionada”, Constitución Española, todo ciudadano, por el hecho de serlo, tiene derecho a tener una vida digna: una vivienda, agua, luz, etc.  Es realmente triste que no se cumpla. Los dirigentes lo saben, pero lo ignoran hoy y llevan ignorándolo toda la historia.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Debemos luchar por esto, pero no pensando en el bien individual, debemos mirar hacia el bien colectivo. Puede que tu tengas luz, pero tu vecino no. Pues entonces, sal, reivindica y lucha, porqué tu vecino también debe tener luz.

Desde la crisis que estalló en 2008, la clase media empezó a desaparecer. La diferencia entre clases no hace más que aumentar y la sociedad se resiente, y se deteriora. Debemos dejar de ser tan individualistas y, en consecuencia, egoístas. ¿Has hecho algo por los demás? Piensalo, y actua.

Estas líneas pretenden hacerte pensar más allá de lo superficial, apelan a los valores, algo que parece olvidado también en los medios de comunicación. Los hilos de estos canales de difusión los mueven la gente de poder según sus intereses. Y que la gente piense, no les conviene. Quieren una sociedad pasiva, que no se queje. Y la sociedad actual es el resultado.

Os propongo aprovechar la situación actual para cambiarlo. Es un buen momento para creer en los valores de nuevo: responsabilidad, igualdad y, sobretodo, solidaridad. Estoy convencido de que será un antes y un después. Estando confinados reflexionaremos y pensaremos que podríamos haber hecho, pero también que podemos hacer. Y esque, como dice el dicho, no hay mal que por bien no venga.

Sigamos siendo inteligentes y rebeldes y que no nos quiten nuestra sonrisa, ni siquiera el coronavirus, estando en casa #quédateencasa.

Angel Juarez

Ángel Juárez

Ángel Juárez

Presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània

Presidente de la Coordinadora de Entidades de Tarragona

Presidente de la Red Internacional de Escritores por la Tierra