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Covid-19, cuando ser gobernado por la ultraderecha es un factor de riesgo

Indígenas de los grupos étnicos YeKuana y Yanomami llegan a Auaris, Brasil, para recibir atención médica de las Fuerzas Armadas JOÉDSON ALVES / EFE

Indígenas de grupos étnicos YeKuana y Yanomami llegan a Auaris, Brasil, para recibir atención médica
JOÉDSON ALVES / EFE

El mundo asiste impotente a la imparable expansión del covid-19, que ya suma más de 540.000 fallecidos y casi 12 millones de personas contagiadas. Aunque es pronto para saber las causas exactas por las que el virus se propaga con mayor virulencia en unos países que en otros, lo cierto es que no todos los gobernantes parecen haber sido igual de diligentes. Casualidad o no, los gobiernos de ultraderecha se muestran, aparentemente, más proclives a la expansión de la pandemia, de hecho, los tres países con mayor número de fallecidos son los Estados Unidos de Donald Trump, con 130.000 fallecidos; el Brasil de Jair Bolsonaro, con más de 65.000, y el Reino Unido de Boris Johnson, con más de 44.000. Tres países gobernados por ultraderechistas que compartieron la misma actitud ante el virus: negligencia y temeridad.

La ultraderecha ante el coronavirus

No cabe duda que el covid-19 fue un tsunami que arrasó el planeta sin que la mayoría fuéramos conscientes de su magnitud, a lo que ayudó que los datos reportados del comportamiento de la pandemia en China tuvieran poco que ver con lo que después sucedió en el resto del planeta, como en Italia. Porque en Italia comenzó –y cambió– todo. Esto no significa que tengamos que dudar de los datos reportados de China, pues queda mucho por saber sobre la enfermedad y su transmisión. Por ejemplo, en los últimos días se han publicado noticias que alertan sobre la variedad de cepas y su distinto comportamiento –el rebrote producido en Corea del Sur pudiera ser hasta seis veces más contagioso que el producido entre febrero y marzo de este año– o sobre la posibilidad de la transmisión del virus por el aire –en contra de lo que sostiene la OMS–. Son informaciones con las que hay que ser prudentes, pues todavía no han sido contrastadas, pero demuestran que falta mucho por conocer sobre el virus.

Los países negligentes comparten algo en común: la ultraderecha. Trump, Bolsonaro o Johnson desafiaron con temeridad el sentido común una vez conocida la potencial gravedad de la pandemia e incluso llegaron al extremo de propagar bulos y caer en teorías de la conspiración

Es cierto que la expansión del virus se vio favorecida por la sorpresa inicial y por la actual tendencia al desmantelamiento de los estados en el mundo capitalista –especialmente el tejido público–, lo que ha provocado que los gobernantes parezcan más asesores de las multinacionales que gestores de los ciudadanos, pero resulta innegable que no todos los países respondieron igual. En Europa, por ejemplo, España fue de los países de más lenta reacción, mientras que Portugal, su vecina, fue de los más rápidos. Porque hubo países más rápidos y más lentos, pero también los hubo abiertamente negligentes. Estos países negligentes comparten algo en común: la ultraderecha. Los mencionados Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil o Boris Johnson en Reino Unido desafiaron con temeridad el sentido común una vez conocida la potencial gravedad de la pandemia e incluso llegaron al extremo de propagar bulos y caer en teorías de la conspiración.

Por ello, hoy Estados Unidos tiene casi tres millones de contagiados a un ritmo de 55.000 contagios diarios y 400 muertes el último día; Brasil supera el millón y medio de contagiados mientras mantiene un ritmo de más de 25.000 contagios y 1.000 muertos diarios durante la última semana, que bajaron a algo más 600 el último día analizado; y Reino Unido supera los 285.000 contagiados.

Un desastre absoluto que no solo es achacable a la pandemia, sino al que hay que añadir el efecto de la cepa ultraderechista. Incluso cuando no gobiernan. En España, por ejemplo, la ultraderecha y la derecha tradicional, cada día más ultra, han forzado al Gobierno a romper lo que en principio era un plan de desescalada prudente y acertado para priorizar la economía y los importantes meses turísticos en España de julio y agosto. Lo han conseguido en base a protestas en las calles y llamamientos a golpes de Estado por la ultraderecha e intentos de derrocar al Gobierno por parte del partido conservador tradicional, las élites y los medios de comunicación afines. Porque si bien es cierto que la reacción del Gobierno español fue lenta, su plan de desescalada era prudente. Un plan que finalmente no ha podido cumplirse totalmente y que podría tener consecuencias desastrosas en los próximos meses.

Otros gobiernos ante el virus

Frente al caos de la ultraderecha, encontramos la agilidad de gobiernos como El Salvador o Portugal, el experimento de Suecia, la diligencia de Corea del Sur y, también, el gobierno de varios países liderados por mujeres: Finlandia, Dinamarca, Nueva Zelanda, Noruega o Alemania. Ser mujer no ha asegurado una mejor gestión de la crisis, entre otras cosas porque en los gobiernos también hay mujeres ultras o con serias limitaciones –Jeanine Áñez en Bolivia o Isabel Díaz Ayuso en Madrid, por ejemplo–, pero lo cierto es que frente a la imagen y gestión del líder ultraderechista, histriónico, conspiranoico y beligerante hasta el delirio, la gestión y la imagen de otros gobernantes más moderados y muchas mujeres en puestos de relevancia ha diferido bastante.

Ser gobernado por ultraderechistas en tiempos de pandemia es una invitación a la desgracia, incluso para los propios ultraderechistas, pues Boris Johnson fue ingresado por covid-19 y Jair Bolsonaro acaba de dar positivo

Pensemos en Donald Trump recomendando el uso de desinfectantes, Jair Bolsonaro manifestándose a caballo, Boris Johnson ausentándose de los cinco primeros gabinetes de crisis al comienzo de la pandemia o Javier Ortega Smith acudiendo a un acto multitudinario con síntomas de la enfermedad, ejemplos todos ellos de hasta qué punto la ultraderecha ha sido temeraria y negligente frente a la pandemia.

Frente a esta imprudencia, incluso frente a los tradicionales gobiernos basados en la testosterona –por ejemplo, el enfoque de Pedro Sánchez en España, un presidente nada cercano a la ultraderecha, se ha basado en lo belicista: militares en ruedas de prensa y en las calles, lenguaje bélico…–, podemos destacar un liderazgo femenino mucho más empático y cercano. Y, también, en la mayoría de los casos, más responsable: Ángela Merkel en Alemania, Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, Sanna Marin en Finlandia, Mette Frederiksen en Dinamarca, Erna Solberg en Noruega o Katrín Jakobsdottir en Islandia cuentan con gestiones elogiadas a nivel mundial.

Tener una mujer al frente de un gobierno no asegura tener una mejor gestión de una crisis que tener un hombre –pensemos en la agilidad de António Costa en Portugal o Nayib Bukele en El Salvador–, aunque quizás sí favorece tener una gestión más empática y cercana, pero de lo que no parece quedar duda es que ser gobernado por ultraderechistas en tiempos de pandemia es una invitación a la desgracia. Incluso para los propios ultraderechistas, pues Boris Johnson fue ingresado por covid-19 y Jair Bolsonaro acaba de dar positivo.

 

Luís Gonzálo Segura

Luís Gonzálo Segura

Miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Escritor y ex-militar español

Tubo el coraje para denunciar los abusos del Ejército Español en un libro

Ángel Juárez en “El Navegante”

Juan Carlos Ruíz, periodista miembro de la RIET, ha entrevistado a Ángel Juárez, presidente de la Red y portavoz de de los afectados de la plataforma afectadoscoronavirus.org, en su programa “El Navegante”.

angel-juarez_navegantehttps://youtu.be/LdvnVDzXeoU

Ángel Juárez y la plataforma “Afectados por Coronavirus” han anunciado la primera acción legal. En este caso, Juárez va a demandar a la Generalitat de Catalunya por la muerte de su madre por COVID-19, la cual se infectó en una residencia de Barcelona. La reclamación está dirigida concretamente al Departamento de Afers Socials de la Generalitat, departamento que ostenta las competencias de las residencias.

Covid-19: o cooperamos o no tenemos futuro

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Una pregunta siempre presente en las búsquedas humanas es: ¿cuál es nuestra esencia específica? La historia conoce innumerables respuestas, pero la más contundente, convergencia de varias ciencias contemporáneas como la nueva biología evolutiva, la genética, las neurociencias, la psicología evolutiva, la cosmología, la ecología, la fenomenología y otras, es esta: la cooperación.

Michael Tomasello, considerado genial en el área de la psicología del desarrollo infantil de 1 a 3 años, sin intervención invasiva, reunió en un volumen lo mejor de ese campo con el título: Por qué cooperamos (Warum wir kooperieren, Berlín, Suhrkamp 2010). En su ensayo inicial afirma que la esencia de lo humano está en el “altruismo” y la “cooperación”. «En el altruismo uno se sacrifica por el otro. Es la em-patía. En la cooperación muchos se unen para el bien común» (pág. 14).

Una de las especialistas principales en psicología y evolución, de la Universidad de Stanford, Carol S. Dweck, afirma: «Más que la excepcional grandeza de nuestro cerebro y más que nuestra inmensa capacidad de pensar, nuestra naturaleza esencial es ésta: la aptitud para ser seres de cooperación y de relación» (Por qué cooperamos, op. cit. 95).

Otra, especialista de la misma ciencia, famosa por sus investigaciones empíricas, Elizabeth S. Spelke, de Harvard, afirma: nuestra marca, por naturaleza, la que nos diferencia de cualquier otra especie superior como los primates (de los cuales somos una bifurcación), es “nuestra intencionalidad compartida” que propicia todas las formas de cooperación, comunicación y participación en tareas y objetivos comunes” (op. cit. 112). Va pareja con el lenguaje, que es esencialmente social y cooperativo, un rasgo específico de los humanos, tal como lo entienden los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela.

Otro especialista –éste, neurobiólogo del conocido Instituto Max Plank– Joachim Bauer, en su libro El gen cooperativo (Das kooperative Gen, Hoffman und Campe, Hamburgo 2008), y especialmente en el libro Principio-humanidad: por qué cooperamos por naturaleza (2006) apoya la misma tesis: el ser humano es esencialmente un ser cooperativo. Refuta rotundamente al zoólogo inglés Richard Dawkins, autor del libro El gen egoísta (1976/2004). Y afirma que la tesis de este último «no tiene base empírica ninguna; por el contrario, representa el correlato del capitalismo dominante, al que parece así legitimar» (op. cit. 153). También critica la superficialidad de otro libro suyo: El espejismo de Dios (2007).

Sin embargo, dice Bauer, está científicamente comprobado que «los genes no son autónomos y de ninguna manera ‘egoístas’, sino que se agregan con otros en las células de todo el organismo» (El gen cooperativo, 184). Y añade: «Todos los sistemas vivos se caracterizan por la cooperación permanente y la comunicación molecular, hacia adentro y hacia fuera» (op. cit. 183). Es notorio para la bioantropología que la especie humana dejó atrás a los primates y se convirtió en ser humano cuando comenzó a recoger y a comer lo que recogía de manera cooperativa.

Una de las tesis centrales de la física cuántica (W. Heisenberg) y de la cosmogénesis (B. Swimme) consiste en afirmar la cooperación y la relación de todos con todos. Todo está relacionado y nada existe fuera de la relación. Todos cooperan unos con otros para coevolucionar. Tal vez la formulación más bella la encontró el Papa Francisco en su encíclica Laudato Sì, sobre el cuidado de la Casa Común: «Todo está relacionado, y todos nosotros, los seres humanos, caminamos juntos como hermanos y hermanas, en una maravillosa peregrinación… que nos une también, con tierno afecto, al hermano Sol, a la hermana Luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (nº 92).

Un brasileño, profesor de filosofía de la ciencia en la UFES de Vitória, Maurício Abdala, escribió un convincente libro El principio cooperación, en línea con las reflexiones anteriores.

¿Por qué decimos todo esto? Para mostrar lo antinatural y perverso que es el sistema imperante del capital con su individualismo y su competición, sin ninguna cooperación. Es el que está llevando a la humanidad a un fatal callejón sin salida. Con esta lógica, el coronavirus nos habría contaminado y exterminado a todos. La cooperación y la solidaridad de todos con todos es lo que nos está salvando.

De aquí en adelante tenemos que decidir si obedecemos a nuestra naturaleza esencial, la cooperación, a nivel personal, local, regional, nacional y mundial, cambiando nuestra forma de habitar la Casa Común, o comenzamos a prepararnos para lo peor, por un camino sin retorno.

Si no escuchamos esta lección que la Covid-19 nos está dando, y volvemos con más furia aún a lo de antes, para recuperar el atraso, nos pondremos en la cuenta regresiva de una catástrofe todavía más letal. ¿Quién nos garantiza que no podrá ser el temido virus NBO (el Next Big One, ¡el gordo!), aquel próximo y último virus avasallador e inatacable que pondrá fin a nuestra especie? Grandes nombres de la ciencia como Jacquard, de Duve, Rees, Lovelock y Chomsky entre otros, nos advierten sobre esta emergencia trágica.

Sólo me queda recordar las últimas palabras del viejo Martin Heidegger en su última entrevista a Der Spiegel, que sería publicada 15 años después de su muerte, refiriéndose a la lógica suicida de nuestro proyecto científico-técnico: “Nur noch ein Gott kann uns retten” = “Sólo nos podrá salvar un Dios”.

Es lo que espero, y creo, pues Dios se ha revelado como “el apasionado amante de la Vida” (Sabiduría 11,24).

Leonardo Boff

Leonardo Boff

Leonardo Boff

Miembro del Comité Honorífico de la Red Internaciona de Escritores por la Tierra (RIET)

Teólogo, escritor, filósofo y ecologista

Considerado uno de los mayores renovadores de la teología de la liberación latinoamericana

 

 

Una Unión Europea en guerra interna por el coronavirus continúa su expansión: los Balcanes

Union Europea Coronavirus

El apetito comercial de la Unión Europea es insaciable, incluso cuando las tensiones Norte-Sur y Este-Oeste amenazan, después del Brexit, con despedazar la unión y a la Unión. Y es que, mientras se batalla por los presupuestos europeos hasta la décima porcentual o se enfrentan los países meridionales a los septentrionales por la falta de solidaridad por los daños que está ocasionando en la economía la COVID-19, los ministros de la Unión Europea han dado el visto bueno a la apertura de las negociaciones con Macedonia del Norte y Albania. Por ello, Serbia y Montenegro ya están en el proceso de adhesión.

En 2019, Macedonia del Norte y Albania ya cumplían con los requisitos exigidos por la Unión Europea, pero tanto Francia como Países Bajos bloquearon la apertura de negociaciones. En esta ocasión ambos países se han mostrado partidarios de las negociaciones una vez que se ha conseguido que Albania se comprometa a proteger a la minoría griega y a rebajar los niveles de corrupción del país.

Bajo las maniobras europeas subyacen los temores a la pérdida del control de la región debido al atractivo y las buenas relaciones que tanto Rusia como China exhiben en los últimos años con los países balcánicos. La idea no solo es incorporar a estos países a Europa, sino impedir que continúen su acercamiento a China o Rusia. 

La Unión Europea, en guerra, descomposición y sin rumbo 

El ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra, solicitó una investigación a los países europeos que no tienen presupuesto suficiente como para afrontar una crisis cuando durante los últimos siete años el crecimiento económico en la Unión Europea ha sido considerable. La respuesta del primer ministro portugués, António Costa, fue suficientemente explícita al respecto de la tensión que se respira en estos días en la Unión Europea –afirmó que la petición holandesa era “repugnante”, término que repitió en varias ocasiones–.

Ante esta crisis, como ante la pasada, todos los países europeos se están comportando con un nivel elevado de egoísmo y están demostrando que la Unión Europea solo es un armazón liberal, un caballo de Troya norteamericano, para los negocios, al cual, en realidad, nadie considera un hogar

La refriega dialéctica es consecuencia de la batalla que a día de hoy se libra entre los países del centro y norte de Europa, los más poderosos, contra los países de la Europa mediterránea, los más afectados durante la crisis económica y, actualmente, los más damnificados por la expansión del virus. Frente a Alemania y Países Bajos, España e Italia intentan aliarse con Francia y conseguir que toda la Unión Europea mutualice los daños económicos que pueda causar el virus.

Ante esta crisis, como ante la crisis económica de la década pasada, todos los países europeos se están comportando con un nivel elevado de egoísmo y están demostrando que la Unión Europea solo es un armazón liberal, un caballo de Troya norteamericano, para los negocios, al cual, en realidad, nadie considera un hogar. Se trata de beneficios, de sacar lo máximo posible, no de construir.

Es este el nivel de confrontación e incluso de descomposición, ya no porque Reino Unido haya abandonado la Unión Europea, sino porque las críticas al proyecto común son cada vez más intensas y contagiosas. En países como España o Portugal, cuyos niveles de aceptación del proyecto europeo siempre fueron muy altos, desde la crisis económica de 2007 cada vez hay más personas que se preguntan si realmente es necesario seguir en Europa. De hecho, antes del Brexit, hubo un no-Grexit, que por mucho que fracasara no deja de revelar la gran cantidad de dudas que afronta la Unión Europea en las últimas dos décadas.

Además, no podemos olvidar que esta descomposición cada día parece más alentada por Estados Unidos y por la OTAN, las cuales parecen congratularse de las continuas e interminables disputas de los estados europeos. Mientras Europa se pelee, no construirá, y mientras no construya, será la OTAN la organización militar y no un Ejército europeo y mientras continúe la refriega, serán los Estados Unidos, y no la propia Unión Europea, quien marque la agenda de los asuntos exteriores del Viejo Continente.

No se quiere comprender que hasta que la Unión Europea no se construya como un Estado, no funcionará, porque lo único que la unirá serán los intereses comerciales

La Unión Europea, además, no termina de encontrar el rumbo a seguir, el rumbo hacia la independencia de los Estados Unidos y la superación de las lógicas y trabas nacionales. No se quiere comprender que hasta que la Unión Europea no se construya como un Estado, no funcionará, porque lo único que la unirá serán los intereses comerciales. El negocio es un pegamento formidable en tiempos de bonanza y endeble en situaciones de crisis.

Por ello, en este contexto, en una constante guerra, en descomposición y sin un rumbo claro, la Unión Europea se lanza sobre los países balcánicos. Porque son negocios. Importa un pimiento si su adhesión genera todavía más tensiones entre los socios existentes o si ello es beneficioso para la Unión o no. Lo importante es que el negocio no se lo quede China o Rusia, hay que aprovechar la ganga. 

Se equivoca la Unión Europea, de nuevo, al no detenerse y reflexionar sobre la situación actual y la crisis sin precedentes que se vive. En lugar de ser un punto de inflexión sobre comenzar a construir un proyecto común, pareciera que puede ser el momento en el que todo colapse y Europa vuelva a desintegrarse. Y aun desintegrándose quiere crecer. Es el paradigma sobre cómo la visión comercial de la Unión Europea, quizás la única que jamás existió o al menos la que siempre predominó, terminará con el proyecto: con una fallida ampliación de mercado.

Estados Unidos recogerá las migajas, si sobrevive, pues parecen tiempos de cambio, tiempos de un Nuevo Orden Internacional. Veremos.

Luís Gonzálo Segura

Luís Gonzálo Segura

Miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Escritor y ex-militar español

Tubo el coraje para denunciar y los abusos del Ejército Español en un libro