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Medio Ambiente


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Estamos en bancarrota ecológica

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¿Sabe usted que es el Earth Overshoot Day? Si no lo sabe le recomiendo leer hasta el final este artículo porque está relacionado con los medios de vida del planeta Tierra en donde habitamos usted y yo, caso contrario, si usted vive en otro planeta seguramente no le interesará la siguiente información:

El Earth Overshoot Day, es un sistema de contabilidad de la huella ecológica, se hace un monitoreo permanente para conocer como la especie humana administra los recursos naturales que le corresponden por cada año, lastimosamente se ha encontrado que somos incapaces de consumir de forma racional los recursos y por el contrario se registra una conducta desproporcionada que dilapida, derrocha y hasta se ensaña con sus medios de vida.

ESTAMOS CONSUMIENDO EL EQUIVALENTE A DOS PLANETAS

Desde que se comenzó a medir la huella ecológica y principalmente en los últimos 20 años el consumismo injustificado se ha incrementado, nos reproducimos como población mundial sin control y demandamos cada vez más recursos naturales alterando el equilibrio de nuestros ecosistemas, irrespetando el tiempo que precisan para regenerarse, hay una sobre explotación de los recursos terrestres y marítimos, como si fuésemos una plaga voraz (posiblemente lo somos) vamos arrasando con todo lo que se pone a nuestro paso, terminamos con los recursos de un territorio y migramos a otro en busca de más, en palabras más claras, estamos acabando con la naturaleza consumiendo el equivalente a casi dos planetas y solo tenemos uno.

Así, los recursos naturales que nos correspondían para el año 2019 los acabamos en tan solo 7 meses, pese a que eran recursos suficientes que debíamos consumir de forma racional en 12 meses, sin embargo el 29 de julio del 2019 ya no teníamos nada, es como si a usted le pagan hoy su salario y de forma irresponsable lo derrocha y se queda con los bolsillos vacíos para comprar los alimentos del siguiente día, esto quiere decir que a partir del 29 de julio del 2019 comenzamos a consumir los recursos del presente año 2020, pasamos a vivir de fiado, estamos sobregirados y en bancarrota ecológica, lo peor de todo es que cada año consumimos más y no solo porque la población mundial crece sino por el irresponsable comportamiento humano que es incapaz de vivir en armonía con la naturaleza, beneficiándose de ella pero respetando sus límites. Leer más →

Un virus del monocultivo alimentario

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En un artículo publicado en 2014 recogí unas declaraciones del sociólogo Jean Batou en las que, analizando información respecto a la pandemia del ébola, explicaba que su origen estaba relacionado con la implementación de un modelo de agricultura diseñado para generar materias primas para el mercado, en lugar de alimentos para la población. Expansión vírica por el capital. En concreto, sus palabras decían «la transmisión del virus del ébola de la fauna a las personas está vinculada a las transformaciones cualitativas operadas en el medio ambiente de la región a causa de la deforestación, del acaparamiento de recursos naturales, del acaparamiento de tierras y de la explosión del monocultivo para la exportación».

En el caso del ébola fue la expansión en África del monocultivo de palma africana, del que se extrae el aceite de palma que encontramos en tantos alimentos industriales y en el biodiesel, la que permitió el contacto entre humanos y el reservorio de este virus, un murciélago frugívoro. La revista Anfibia, en un artículo de esta semana, lo explica muy bien. El monocultivo favorece la fragmentación del bosque tropical y de las selvas, de manera que la carencia de espacio hace que se concentren muchas especies de murciélagos en los pocos árboles que quedan en pie. Esta mezcla de especies que no habían interactuado antes en el ambiente «fue el caldo de cultivo de lo que pasó después».  Sin fronteras entre selva y aldeas, el contagio es sencillo. La revista explica otros casos de nuevos virus que han resultado de las mismas dinámicas, como la deforestación en Bolivia para el cultivo de arroz o la deforestación en Argentina para el cultivo de soja.

De hecho, como explica el informe «Un futuro cultivado en granjas» de la fundación GRAIN, lo mismo ocurre en otros lugares de hacinamiento: las granjas intensivas de cerdos. La epidemia del virus de la peste porcina africana, que también se extiende actualmente desde China a muchos otros países, sigue esa misma pauta. Los virus se multiplican y mutan en las grandes granjas intensivas donde muchos animales malviven asardinados. El salto a las personas es un riesgo que se advirtió en el caso de la llamada Gripe A del 2009.

Y no solo quiero señalar con el dedo a la industria alimentaria responsable de estos monocultivos, en definitiva el coronavirus es una muestra, como la crisis climática con sequías y huracanas, de un sistema capitalista que no solo es muy injusto sino que es extremadamente frágil porque hemos roto todo el equilibrio natural.

Soy aprendiz de hortelano y he aprendido algunas cosas fundamentales. Si lleno el huerto de solo un cultivo y además castigo la tierra con fertilizantes inorgánicos para mejorar las producciones, tengo un huerto muy vulnerable. La llegada de un hongo o un virus, no la podré detener, se esparcirá rápidamente sin defensas propias basadas en la biodiversidad. Este huerto uniformizado y envenenado ha perdido armonía y equilibrio.

Entonces ¿volvemos a la diversidad de pequeñas comunidades productoras de alimentos?

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Gustavo Duch

Miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra
Escritor y activista 

Coronavirus: autodefensa de la propia Tierra

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La pandemia del coronavirus nos revela que el modo como habitamos la Casa Común es pernicioso para su naturaleza. La lección que nos transmite reza así: es imperativo reformatear nuestro estilo de vida en ella, como un planeta vivo que es. Ella nos viene avisando de que, así como nos estamos comportando, no podemos continuar. En caso contrario, la propia Tierra se tendrá que librar de nosotros, seres excesivamente agresivos y maléficos para el conjunto del sistema-vida.

En este momento, ante el hecho de estar en medio de una guerra mundial, es importante que seamos conscientes de nuestra relación hacia ella y de la responsabilidad que tenemos en el destino común Tierra viva-humanidad.

Acompáñenme en este razonamiento, veamos: El Universo existe desde hace ya 13,7 mil millones de años, desde que ocurrió el big bang. La Tierra, hace 4,4 mil millones. La Vida, hace 3,8 mil millones. El ser humano hace 7-8 millones. Nosotros, el homo sapiens/demens actual, hace 100 mil años. Todos, el Universo, la Tierra y nosotros mismos, estamos formados con los mismos elementos físico-químicos (cerca de 100) que se forjaron, como en un horno, en el interior de las grandes estrellas rojas durante 2-3 mil millones de años (por lo tanto hace 10-12 mil millones años).

La Vida, probablemente, comenzó a partir de una bacteria originaria, madre de todos los vivientes. La acompañaron un número inimaginable de microorganismos. Nos dice Edward O. Wilson, tal vez el mayor biólogo vivo: sólo en un gramo de tierra viven cerca de 10 mil millones de bacterias de hasta 6mil especies diferentes (La creación: cómo salvar la vida en la Tierra, 2008, p. 26). Imaginemos la cantidad incontable de esos microorganismos en toda la Tierra, siendo que solamente el 5% de la vida es visible, y el 95%, invisible: el reino de las bacterias, de los hongos, y de los virus…

Sigan acompañándome en mi razonamiento: hoy es considerado un dato científico, desde 2002, cuando James Lovelock y su equipo demostraron ante una comunidad científica de miles de especialistas en Holanda que la Tierra no sólo tiene vida sobre ella, ella misma está viva. Emerge como un «ente vivo»; no como un animal, sino como un sistema que regula los elementos físico-químicos y ecológicos, como hacen los demás organismos vivos, de tal forma que se mantiene vivo y continúa produciendo una miríada de formas de vida. La llamaron Gaia.

Otro dato que cambia nuestra percepción de la realidad: En la perspectiva de los astronautas, ya sea desde la Luna o desde las naves espaciales, así lo testimoniaron muchos de ellos: no existe distinción entre Tierra y Humanidad… Ambas forman una entidad única y compleja. Se consiguió hacer una foto de la Tierra antes de penetrar en el espacio sideral, fuera del sistema solar: en ella aparece, en palabras del cosmólogo Carl Sagan, como “un pálido punto azul”. Nosotros estamos, pues, dentro de ese pálido punto azul, como aquella porción de la Tierra que, en un momento de alta complejidad, empezó a sentir, a pensar, a amar y a percibirse a sí misma como parte de un Todo mayor. Por lo tanto, nosotros, hombres y mujeres, somos Tierra, que se deriva de humus (tierra fértil), o del Adam bíblico (tierra arable).

Sucede que nosotros, olvidando que somos esa porción de la Tierra misma, comenzamos a saquear sus riquezas en el suelo, en el subsuelo, en el aire, en el mar, y en todos los niveles. Buscábamos realizar un arriesgado proyecto de acumular lo más posible bienes materiales para el disfrute humano –en realidad para el de un pequeño sector poderoso y ya rico de la humanidad–. El desarrollo de la ciencia y de la técnica de hecho se ha orientado de cara a ese propósito. Pero, atacando a la Tierra, nos atacamos a nosotros mismos, que somos Tierra pensante. Y tan lejos ha llegado la codicia de este pequeño grupo voraz, que, actualmente, la Tierra se siente agotada, hasta el punto de haber sido afectados sus límites infranqueables. Es lo que técnicamente llamamos la Sobrecarga de la Tierra (the Earth overshoot): sacamos de ella más de lo que puede dar. Actualmente ya no consigue reponer lo que le quitamos. Entonces, da señales de que está enferma, de que ha perdido su equilibrio dinámico, recalentándose, formando huracanes y terremotos, nevadas antes nunca vistas, sequías prolongadas e inundaciones devastadoras. Y más aún: ha liberado microorganismos como el sars, el ébola, el dengue, la chikungunya y ahora el coronavirus. Son formas de vida de las más primitivas, casi al nivel de nanopartículas, sólo detectables bajo potentes microscopios electrónicos. Y pueden diezmar al ser más complejo que la Tierra ha producido y que es parte de ella misma, el ser humano, hombre y mujer, poco importa su nivel social.

Hasta ahora el coronavirus no puede ser destruido, sólo podemos impedirle propagarse. Pero ahí está, produciendo una desestabilización general en la sociedad, en la economía, en la política, en la salud, en las costumbres, en la escala de valores establecidos…

De repente hemos despertado asustados y perplejos: esta porción de la Tierra que somos nosotros, puede desaparecer. En otras palabras, la Tierra misma se defiende contra su propia parte rebelada y enferma. Puede sentirse obligada la Tierra a hacer una amputación, como hacemos con una pierna necrosada… Sólo que, esta vez, es toda esa porción tenida por inteligente y amante, que la Tierra no puede ya aguantar y va a tener que acabar eliminándola.

Y así será el fin de esta especie de vida que, con su singularidad de autoconciencia, es una entre millones de otras existentes, también partes de la Tierra. Ésta, continuará girando alrededor del sol, empobrecida, hasta que haga surgir otro ser que sea también expresión de ella, capaz de sensibilidad, de inteligencia y de amor. De nuevo recorrerá un largo camino para modelar la Casa Común, con otras formas de convivencia –esperamos– mejores que la que nosotros hemos modelado.

¿Seremos capaces de captar la señal que el coronavirus nos está enviando, o seguiremos haciendo más de lo mismo, hiriendo a la Tierra autohiriéndonos en el afán de enriquecerse de unos pocos cueste lo que cueste?

Leonardo Boff

Leonardo Boff

Miembro del Comité Honorífico de la Red Internaciona de Escritores por la Tierra (RIET)

Teólogo, escritor, filósofo y ecologista

Considerado uno de los mayores renovadores de la teología de la liberación latinoamericana

Tarragona se une para reclamar más seguridad a la química

Ciudad e Industria no son las mismas después de una manifestación masiva, con más de 2.500 participantes

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Tarragona e la industria química no son hoy lo que eran ayer. La relación entre sociedad y empresas químicas se rompió el pasado 14 de enero, después de la explosión de IQOXE, la cual terminó con la vida de tres personas, dejó varios heridos y ocasionó graves daños en viviendas y comercios.

Ayer se cambiaron los papeles. Trabajadores y trabajadoras, junto con la ciudadanía, levantaron la voz unidas para decir BASTA. En la manifestación se congregaron entidades, vecinos y vecinas, sindicatos y gran parte de la sociedad para reclamar más seguridad en la química, más información y más coordinación, siendo finalmente más de 1.500 personas. Porqué esta causa, es cosa de todas.

Un mes después seguimos sin respuestas. Se desconoce el motivo de la explosión, ningún cargo empresarial ni político ha asumido responsabilidades y ningún plan ha sido modificado. Y la gente no puede esperar más, y así lo demostró ayer.

Después de una jornada de huelga en la industria petroquímica con un 100% de seguimiento, según los sindicatos CCOO y UGT, el resto del Camp de Tarragona y una gran presencia de los barrios de Ponent y la Canonja, se unieron en una manifestación multitudinaria. La concentración empezó en Torreforta, donde se reunieron más de 500 personas y se hizo un minuto de silencio en memoria del vecino fallecido por culpa de la explosión. Alrededor de las 18:30 h, esta columna inició su camino hacia la Plaça Imperial Tàrraco.

Al llegar al punto de encuentro, representantes de las entidades organizadoras se dirigieron a las oficinas de la AEQT (Asociación de Empresas Químicas de Tarragona) para entregar el manifiesto oficial. En ese momento, el único trabajador que atendió a los representantes fue el recepcionista. Después de este gesto, se iniciaba la manifestación conjunta, con más de 2.500 personas.

La marcha subió por la Rambla Nova, desde la Plaça Imperial Tàrraco, llenando cada rincón, hasta llegar delante de la Delegación de la Generalitat donde se aturó para leer el manifiesto conjunto. El recorrido estuvo acompañado de canticos como “La precariedad mara”, “Los barrios estamos presentes” o “¿Dónde está la sirena?

Con la calle Sant Francesc llena de arriba abajo, la periodista Laura Casas y el periodista Carles Cortés procedieron a la lectura del manifiesto. Un discurso que condenó los hechos sucedidos y que exigía su investigación, la mejora de las condiciones de seguridad y la necesaria modificación de los protocoles de comunicación y actuación vigentes, los cuales demostraron ser ineficaces el día de la explosión.

Personalmente, consideré importante destacar la enorme presencia y la gran lucha de los barrios de Bonavista y Torreforta, y reivindicar la injusta situación que algunas personas viven aún hoy, por culpa de la explosión. También era necesario poner énfasis en la unión que suponía la concentración: “Por primera vez, sindicatos, vecinos y vecinas y entidades estamos juntos en la calle. Porqué esto nos afecta a todos y todas”. Y es que después de esta jornada histórica, Tarragona no es la misma. Ya no es tiempo de palabras, necesitamos hechos.

Recalcamos también que la manifestación estuvo organizada por la Coordinadora de Entidades de Tarragona (CET), formada por más de 100 entidades, incluyendo casi 20 asociaciones de vecinos, la Fundación Mare Terra, las Federaciones de Asociaciones de Vecinos de Tarragona, Segle XXI, Llevant y Amposta y Tortosa, junto con los sindicatos CCOO y UGT; i con la colaboración de los ayuntamientos de Tarragona, Vila-Seca, Constantí, la Canonja, la Pobla de Mafumet i Perafort.

Ángel Juárez

Presidente de la Fundació Mare Terra Mediterrània, de  la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

31 días sin respuestas

Han pasado 31 días, 744 horas y 44640 de la explosión de la petroquímica IQOXE, y seguimos sin respuestas, sin soluciones, sin asumir responsabilidades. Lo único que mantenemos es el miedo. El Camp de Tarragona sigue atemorizado, ¿a qué están esperando para actuar?

La salud no es un tema que pueda esperar, no se puede dejar para “cuando vaya bien”. Porqué la salud significa vida. Nuestro derecho fundamental de vivir, y hacerlo dignamente, debe ser un tema prioritario en la agenda de todo político, sea cual sea su índole.

Fachada pisos afectados por la explosión

Pisos afectados en Torreforta | EFE

Ya ha pasado un mes, y mientras escribo estas líneas, hay más de 200 personas afectadas por la explosión, con sus viviendas o negocios dañados; y cientos más con cuadros de ansiedad o angustia. Personas jubiladas, con una economía reducida, sin una pensión digna, con cartones en las ventanas de su casa, esperando aún que les pongan los cristales. Esta es la triste, pero real situación. ¿Qué culpa tienen estas personas que nada tienen que ver con la química? Simplemente viven en una ciudad llamada “Tarragona”.

Es difícil para mí calificar estos hechos. Solo puedo pensar en la inconsciencia y la insensibilidad de los encargados de solucionar esto. Los daños colaterales, la situación de estas personas, deberían haberse solucionado durante las 24 horas después de la explosión, y sin insultar llevando un perito en sus casas o negocios.

Algunos creen que Tarragona vuelve a florecer. ¿Qué veo yo? No veo florecer flores, sino oportunistas. Personas que nunca habían reivindicado un estudio sobre la calidad del aire, que veían correcto el PLAEQSCAT y que consideraban que las medidas ambientales llevadas a cabo eran satisfactorias. Estas personas, a día de hoy, intentan hacerse con la lucha que nosotros hemos estado llevando a cabo durante años, aprovechándose de la grave situación.

En este mismo momento, la CET (Coordinadora d’Entitats de Tarragona) y la Fundación Mare Terra Mediterrània, aún no se han reunido con las autoridades competentes para reformar los planes en caso de accidente o emergencia, como por ejemplo el PLAEQSCAT, los cuales demostraron ser ineficientes el pasado 14 de enero. Nosotros les hemos mostrado repetidas veces nuestra predisposición a encontrarnos. Entonces, ¿de verdad quieren solucionar algo?

Aun así, debemos reconocer la pequeña pero positiva parte de lo sucedido. La lucha empieza a dar algunos frutos. Personalmente, me alegro de que en los presupuestos de este año se destinen 200.000€ para un estudio de la calidad del aire. Es importante recalcar que será la primera vez que nuestro Ayuntamiento será responsable de los medidores del aire y, por lo tanto, también de los resultados. Un concepto muy distinto de lo conocido hasta ahora.

De todas formas, esto es solo una gota de agua en un gran vaso. El resto está por llenar.  En este momento, se han producido 0 dimisiones y 0 disculpas. Nadie, absolutamente nadie, ha demostrado la suficiente madurez o moral para asumir responsabilidades. ¿Sorprendidos? Ya no, pero si decepcionados. Todo se ha quedado en promesas y palabras, promesas y palabras, más promesas y más palabras…

Los cambios que necesitamos y exigimos deben ser drásticos para que la ciudadanía recupere la confianza y podamos vivir tranquilos de nuevo. Políticos y empresarios, ya no es tiempo de palabras, necesitamos hechos, y lucharemos por ellos en las calles de nuestra ciudad. Os animo a todos y todas a vernos el 19 de febrero, porqué 31 días, 744 horas, 44640 minutos después, nada se ha resuelto, nada ha mejorado, nada ha cambiado.

 

Ángel Juárez

Presidente de la Fundació Mare Terra Mediterrània, de  la Coordinadora d’Entitats de Tarragona y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra