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Después del confinamiento, toca cambio

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El confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus está destapando nuestra sociedad. Se están poniendo capas de héroes a nuevas personas, y quitando las mascaretas a otras.

Desde casa, es un orgullo ver la respuesta del pueblo, la respuesta más solidaria posible. Un pueblo, una sociedad, sin organización e incluso un poco anárquica, que está dando todo lo que tiene y dedica todos sus esfuerzos a salvar vidas, ni más ni menos. Desde el personal sanitario y las plantillas de los sectores primarios, hasta la gente que está confinada en casa ejerciendo tareas de voluntariado, ayudando a los más necesitados, fabricando el material, o ayudando a hacer el encierro más ameno. Una sociedad que todos los días a las 20h demuestra que está unida, y que es fuerte. Personas que desde sus balcones o ventanas no aplauden sin más, aplauden con conciencia.

Pero si miramos hacia otros sectores no podemos decir lo mismo. Menuda decepción. Fijémonos en la política en primer lugar. Partidos que en campaña electoral presumen de su red de afiliados, que hacen referencia a menudo a una militancia comprometida socialmente. Ahora nos preguntamos, ¿dónde está? ¿Cómo puede ser que estas redes de militantes no se pongan en marcha? Los partidos no han iniciado ninguna campaña solidaria, ya sea de donaciones de dinero o haciendo acciones voluntarias.

Y no sólo eso. Echo de menos a todos los cargos públicos vinculados a la política, que cada mes reciben un sueldo por y para trabajar para el pueblo. Ni yo ni nadie sabemos nada de ellos. Están encerrados en sus casas sin decir nada, y lo que es peor, sin hacer nada.

Estas son las mascaretas que están cayendo. Ahora, podemos darnos cuenta que los partidos políticos simplemente son maquinarias electorales, cuyo único objetivo es conseguir votos. Esto va para todos los partidos. Porqué todos se llenan la boca de amor hacia su gente y su tierra. Y yo les digo que no queremos palabras, queremos hechos. Actuar ahora si que es hacer país.

Los sistemas actuales han quedado obsoletos e inefectivos.Por ejemplo, ¿para qué sirve el Senado y cuánto nos cuesta? Pregúntense, ¿lo necesitamos? O planteémonos nuestro sistema electoral. Basta ya de listas electorales cerradas que esconden a personas no preparadas o “inútiles”. El coronavirus nos ha dejado claro que nuestro sistema debe cambiar.

Y no podemos dejar de hablar del sistema sanitario. Cuando superemos la pandemia, porqué lo haremos, debemos reivindicar una sanidad pública y de calidad 100×100. Basta ya de privatizaciones y de recortes, los cuales se habían olvidado pero el coronavirus nos ha recordado. Cuando salgamos a la calle, debemos seguir aplaudiendo. Aplaudiendo, gritando y luchando por la sanidad pública que merecemos. Porqué no hay otra opción que una sanidad pública y de calidad.

Otro gran ejemplo es la iglesia. En primer lugar, quiero aplaudir el trabajo solidario tan importante de Cáritas y entidades religiosas. Pero no puedo decidir lo mismo de la institución. Una institución que se llena la boca de solidaridad pero que destina más dinero a financiar una televisión privada con la objetividad en duda (más de 10 millones para Trece TV), y que solo da 6 millones para la caridad y los trabajos asistenciales, los cuales lleva a cabo Caritas. Sus valores y su discurso pierden toda credibilidad.

Y me reitero en la felicitación a Cáritas por su trabajo, como a todas las entidades religiosas y laicas que están llevando a cabo estas labores. Unas labores que corresponden al Estado, el cual una vez más demuestra que se ha quedado obsoleto. Un Estado que ha regulado, tarde y mal, el trabajo de los temporeros. Les está pidiendo que nos ayuden, pero luego los quiere dejar a la calle.

¿Es esto lo que queremos? ¿Son estas las instituciones y los representantes que merecemos? Yo lo tengo claro, NO. Después del confinamiento, toca cambio. No tenemos alternativa, no queremos seguir así. Basta de recortes, corrupción y aprovechamiento.

Cuando todo esto termine, no podemos olvidar, debemos recordar y reivindicar. Exigir cambios hacia una sociedad igualitaria, justa y digna, con una riqueza repartida equitativamente. Los partidos ya no importan, ahora importan las vidas.

Mejoremos el sistema. Humanicemos la sociedad.

Y recordad, que nadie ni nada OS QUITE VUESTRA SONRISA.

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Ángel Juárez

Presidente de Mare Terra, de la Coordinadora de Entidades, y de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

Coronavirus: autodefensa de la propia Tierra

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La pandemia del coronavirus nos revela que el modo como habitamos la Casa Común es pernicioso para su naturaleza. La lección que nos transmite reza así: es imperativo reformatear nuestro estilo de vida en ella, como un planeta vivo que es. Ella nos viene avisando de que, así como nos estamos comportando, no podemos continuar. En caso contrario, la propia Tierra se tendrá que librar de nosotros, seres excesivamente agresivos y maléficos para el conjunto del sistema-vida.

En este momento, ante el hecho de estar en medio de una guerra mundial, es importante que seamos conscientes de nuestra relación hacia ella y de la responsabilidad que tenemos en el destino común Tierra viva-humanidad.

Acompáñenme en este razonamiento, veamos: El Universo existe desde hace ya 13,7 mil millones de años, desde que ocurrió el big bang. La Tierra, hace 4,4 mil millones. La Vida, hace 3,8 mil millones. El ser humano hace 7-8 millones. Nosotros, el homo sapiens/demens actual, hace 100 mil años. Todos, el Universo, la Tierra y nosotros mismos, estamos formados con los mismos elementos físico-químicos (cerca de 100) que se forjaron, como en un horno, en el interior de las grandes estrellas rojas durante 2-3 mil millones de años (por lo tanto hace 10-12 mil millones años).

La Vida, probablemente, comenzó a partir de una bacteria originaria, madre de todos los vivientes. La acompañaron un número inimaginable de microorganismos. Nos dice Edward O. Wilson, tal vez el mayor biólogo vivo: sólo en un gramo de tierra viven cerca de 10 mil millones de bacterias de hasta 6mil especies diferentes (La creación: cómo salvar la vida en la Tierra, 2008, p. 26). Imaginemos la cantidad incontable de esos microorganismos en toda la Tierra, siendo que solamente el 5% de la vida es visible, y el 95%, invisible: el reino de las bacterias, de los hongos, y de los virus…

Sigan acompañándome en mi razonamiento: hoy es considerado un dato científico, desde 2002, cuando James Lovelock y su equipo demostraron ante una comunidad científica de miles de especialistas en Holanda que la Tierra no sólo tiene vida sobre ella, ella misma está viva. Emerge como un «ente vivo»; no como un animal, sino como un sistema que regula los elementos físico-químicos y ecológicos, como hacen los demás organismos vivos, de tal forma que se mantiene vivo y continúa produciendo una miríada de formas de vida. La llamaron Gaia.

Otro dato que cambia nuestra percepción de la realidad: En la perspectiva de los astronautas, ya sea desde la Luna o desde las naves espaciales, así lo testimoniaron muchos de ellos: no existe distinción entre Tierra y Humanidad… Ambas forman una entidad única y compleja. Se consiguió hacer una foto de la Tierra antes de penetrar en el espacio sideral, fuera del sistema solar: en ella aparece, en palabras del cosmólogo Carl Sagan, como “un pálido punto azul”. Nosotros estamos, pues, dentro de ese pálido punto azul, como aquella porción de la Tierra que, en un momento de alta complejidad, empezó a sentir, a pensar, a amar y a percibirse a sí misma como parte de un Todo mayor. Por lo tanto, nosotros, hombres y mujeres, somos Tierra, que se deriva de humus (tierra fértil), o del Adam bíblico (tierra arable).

Sucede que nosotros, olvidando que somos esa porción de la Tierra misma, comenzamos a saquear sus riquezas en el suelo, en el subsuelo, en el aire, en el mar, y en todos los niveles. Buscábamos realizar un arriesgado proyecto de acumular lo más posible bienes materiales para el disfrute humano –en realidad para el de un pequeño sector poderoso y ya rico de la humanidad–. El desarrollo de la ciencia y de la técnica de hecho se ha orientado de cara a ese propósito. Pero, atacando a la Tierra, nos atacamos a nosotros mismos, que somos Tierra pensante. Y tan lejos ha llegado la codicia de este pequeño grupo voraz, que, actualmente, la Tierra se siente agotada, hasta el punto de haber sido afectados sus límites infranqueables. Es lo que técnicamente llamamos la Sobrecarga de la Tierra (the Earth overshoot): sacamos de ella más de lo que puede dar. Actualmente ya no consigue reponer lo que le quitamos. Entonces, da señales de que está enferma, de que ha perdido su equilibrio dinámico, recalentándose, formando huracanes y terremotos, nevadas antes nunca vistas, sequías prolongadas e inundaciones devastadoras. Y más aún: ha liberado microorganismos como el sars, el ébola, el dengue, la chikungunya y ahora el coronavirus. Son formas de vida de las más primitivas, casi al nivel de nanopartículas, sólo detectables bajo potentes microscopios electrónicos. Y pueden diezmar al ser más complejo que la Tierra ha producido y que es parte de ella misma, el ser humano, hombre y mujer, poco importa su nivel social.

Hasta ahora el coronavirus no puede ser destruido, sólo podemos impedirle propagarse. Pero ahí está, produciendo una desestabilización general en la sociedad, en la economía, en la política, en la salud, en las costumbres, en la escala de valores establecidos…

De repente hemos despertado asustados y perplejos: esta porción de la Tierra que somos nosotros, puede desaparecer. En otras palabras, la Tierra misma se defiende contra su propia parte rebelada y enferma. Puede sentirse obligada la Tierra a hacer una amputación, como hacemos con una pierna necrosada… Sólo que, esta vez, es toda esa porción tenida por inteligente y amante, que la Tierra no puede ya aguantar y va a tener que acabar eliminándola.

Y así será el fin de esta especie de vida que, con su singularidad de autoconciencia, es una entre millones de otras existentes, también partes de la Tierra. Ésta, continuará girando alrededor del sol, empobrecida, hasta que haga surgir otro ser que sea también expresión de ella, capaz de sensibilidad, de inteligencia y de amor. De nuevo recorrerá un largo camino para modelar la Casa Común, con otras formas de convivencia –esperamos– mejores que la que nosotros hemos modelado.

¿Seremos capaces de captar la señal que el coronavirus nos está enviando, o seguiremos haciendo más de lo mismo, hiriendo a la Tierra autohiriéndonos en el afán de enriquecerse de unos pocos cueste lo que cueste?

Leonardo Boff

Leonardo Boff

Miembro del Comité Honorífico de la Red Internaciona de Escritores por la Tierra (RIET)

Teólogo, escritor, filósofo y ecologista

Considerado uno de los mayores renovadores de la teología de la liberación latinoamericana

Entre corona, virus, pandemia, contagio y lavados

Coronavirus

Pexels.com

En primer lugar debemos decir que el término “corona” asociado al virus que está haciendo estragos en el mundo, debe este nombre por el aspecto que presentas visto al microscopio porque es muy parecido a una corona o halo. Y también dado que sus características parecieran recordar a la “corona solar”.

Por su parte “corona” deriva del griego “koróne” aplicado a algo con forma de curva o, simplemente, de anillo.

Con respecto a la voz “virus” proviene del latín “virus”: veneno, ponzoña (atribuido a una planta). Antiguamente era humor maligno, podredumbre, mientras que hoy se designa con ese vocablo a “cualquiera de los agentes infecciosos apenas visibles con el microscopio ordinario, y que pasan a través de los filtros de porcelana”. Solo se reproducen en el interior de una célula viva. Son también causa de muchas enfermedades. De allí provienen las voces “viruela”, “virulencia” y otras.

Pandemia a su vez alude a “pandemonio”, o sea, del griego: “todos los demonio”. Milton con ese nombre bautizó a la capital del infierno. Tal vez sea también uno de los males de la caja de Pandora.

Contagio, a su vez, procede del latín “cum”: con, y “tangere”: tocar; debido a que en un principio se consideraba que las enfermedades solo se transmitían por un contacto directo con los enfermos. Con propiedad es: “Transmisión de una dolencia de la persona enferma a la sana”.

Por su parte el “lavado de manos” proviene de la voz “lava”, del latín “lavare”; lavar. Por asociación de ideas ya que la lava arrastra cuanto encuentra a su paso, como la suciedad es arrastrada en el lavado. Es una materia fundida que arrojan los volcanes y que alcanza al salir temperaturas elevadísimas.

En estos momentos debería ser reconsiderado el gesto del Procurador romano de Judea Poncio Pilato al pedir el aguamanil para lavarse las manos de la muerte de Nuestro Señor.

Sobre la palabra lavandina sería bueno recordar que es un nombre de marca de fantasía registrado pero incorporado al habla popular. El vocablo adecuado entre otros sería “lejía”, del latín “lixivia”: ceniza, por la que se usaba en la colada. Es un “agua con sales alcalinas en disolución”.

Alcohol deriva del árabe “alkohi: el colirio, el polvo usado por las mujeres para ennegrecerse los ojos. El significado actual no sólo es el de “líquido obtenido por destilación·, sino también el de “polvillo para afeite”, que fue su sentido original. La variedad más moderna es el alcohol en gel.

Ante esta peste debemos de cuidarnos pero sin entrar en pánico. O sea literalmente, terror causado por el dios Pan. Los antiguos griegos creían que este dios se escondía en oscuros rincones y se aparecía sorpresivamente asustando a la gente. Los ruidos provocados por Pan en montañas y valles producían temores repentinos. Hay varias leyendas sobre el origen de la palabra. Una de ellas es que Baco tenía a su frente un ejército muy superior al suyo y Pan aconsejó a todos los hombres que al caer la noche gritaran al unísono. Los innumerables ecos que produjeron hicieron creer al enemigo  que estaba rodeado por todos los flancos, y entonces, en pánico, las tropas huyeron desconcertadas.

Moraleja de todo esto: Ante el Coronavirus, evitar el contagio, lavarse las manos, usar la lejía y el alcohol sobre las superficies y sobre todo, especialmente, no entrar en pánico.

Jorge Castañeda

Miembro de la RIET

Escritor y poeta

Palabra de Ángel desde casa (20): “10 días después seguimos sin material”

Captura de pantalla 2020-03-27 a les 10.22.43Serie ‘Palabra de Ángel’, en la que Ángel Juárez da su opinión sobre temas de actualidad o sobre aspectos relacionados con Mare Terra Fundació Mediterrània. En esta entrega, la número 20, habla de la mala gestión de material de protección del coronavirus y presenta una nueva iniciativa solidaria con la gente mayor.