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Noticias por etiqueta: Medio Ambiente


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Un virus del monocultivo alimentario

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En un artículo publicado en 2014 recogí unas declaraciones del sociólogo Jean Batou en las que, analizando información respecto a la pandemia del ébola, explicaba que su origen estaba relacionado con la implementación de un modelo de agricultura diseñado para generar materias primas para el mercado, en lugar de alimentos para la población. Expansión vírica por el capital. En concreto, sus palabras decían «la transmisión del virus del ébola de la fauna a las personas está vinculada a las transformaciones cualitativas operadas en el medio ambiente de la región a causa de la deforestación, del acaparamiento de recursos naturales, del acaparamiento de tierras y de la explosión del monocultivo para la exportación».

En el caso del ébola fue la expansión en África del monocultivo de palma africana, del que se extrae el aceite de palma que encontramos en tantos alimentos industriales y en el biodiesel, la que permitió el contacto entre humanos y el reservorio de este virus, un murciélago frugívoro. La revista Anfibia, en un artículo de esta semana, lo explica muy bien. El monocultivo favorece la fragmentación del bosque tropical y de las selvas, de manera que la carencia de espacio hace que se concentren muchas especies de murciélagos en los pocos árboles que quedan en pie. Esta mezcla de especies que no habían interactuado antes en el ambiente «fue el caldo de cultivo de lo que pasó después».  Sin fronteras entre selva y aldeas, el contagio es sencillo. La revista explica otros casos de nuevos virus que han resultado de las mismas dinámicas, como la deforestación en Bolivia para el cultivo de arroz o la deforestación en Argentina para el cultivo de soja.

De hecho, como explica el informe «Un futuro cultivado en granjas» de la fundación GRAIN, lo mismo ocurre en otros lugares de hacinamiento: las granjas intensivas de cerdos. La epidemia del virus de la peste porcina africana, que también se extiende actualmente desde China a muchos otros países, sigue esa misma pauta. Los virus se multiplican y mutan en las grandes granjas intensivas donde muchos animales malviven asardinados. El salto a las personas es un riesgo que se advirtió en el caso de la llamada Gripe A del 2009.

Y no solo quiero señalar con el dedo a la industria alimentaria responsable de estos monocultivos, en definitiva el coronavirus es una muestra, como la crisis climática con sequías y huracanas, de un sistema capitalista que no solo es muy injusto sino que es extremadamente frágil porque hemos roto todo el equilibrio natural.

Soy aprendiz de hortelano y he aprendido algunas cosas fundamentales. Si lleno el huerto de solo un cultivo y además castigo la tierra con fertilizantes inorgánicos para mejorar las producciones, tengo un huerto muy vulnerable. La llegada de un hongo o un virus, no la podré detener, se esparcirá rápidamente sin defensas propias basadas en la biodiversidad. Este huerto uniformizado y envenenado ha perdido armonía y equilibrio.

Entonces ¿volvemos a la diversidad de pequeñas comunidades productoras de alimentos?

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Gustavo Duch

Miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra
Escritor y activista 

A propósito de la crisis del coronavirus: esta vez sí, no vamos a olvidar

“Pronto dejamos de recordar

 lo que era inolvidable”.

(Parafraseando a Borges).

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Hasta ahora, una vez pasadas las primeras reacciones humanitarias a las tragedias, la humanidad ha olvidado y ha seguido las pautas y el ritmo cotidiano sin tener ya en cuenta las inmensas heridas sin restañar. Un ejemplo todavía reciente es el de Haití. Inmediatamente después del terremoto -el día 14 de enero de 2010- escribí al final del artículo “A vuela pluma: Haití”, lo siguiente: “Los líderes deben saber que la sociedad civil tendrá, por fin, voz, sobre todo en el ciberespacio, y la elevará progresivamente. Que podremos mirar a los ojos de los supervivientes y decirles: el tiempo de la insolidaridad y del olvido, el tiempo del desamor, ha terminado”.

En varias ocasiones después uní mi voz a la de Forges que repetía en sus viñetas “Y no te olvides de Haití”.  “Hace bien en insistir, dije, porque nos recuerda la velocidad con que nos olvidamos del tsunami de diciembre del año 2005; de los terremotos de Perú, de China… y Darfur… y de los acontecimientos que hace tan sólo tres lustros asolaron Haití”.  Allí estuve y escribí: “Se fueron los últimos / soldados / y estalló la paz / en vuestra vida, / sin reporteros / que filmen / cómo se vive y muere cada día… / Ya no moriréis / de bala y fuego. / De  olvido / volveréis a moriros. / Como siempre”.

En un mundo armado hasta los dientes pero incapaz de disponer de la tecnología y el personal capacitado para hacer frente a las catástrofes naturales, mediante una gran acción conjunta coordinada por las Naciones Unidas… todo sigue igual. Debemos movilizarnos contra este curso aparentemente inexorable de los acontecimientos, para que los gobernantes adviertan que ha llegado el momento inaplazable de poner en marcha un desarrollo global sostenible en lugar de la actual economía de especulación y guerra… Desplazando de una vez a los grupos plutocráticos en cuyas manos se han puesto, irresponsablemente, las riendas del destino común.

100.000 edificios destruidos, más de un millón de desplazados, 150.000 enfermos de cólera con más de 3.500 muertos que se añadían a las casi 300.000 víctimas del seísmo. Se pensó, con toda la razón, que no quedarían desoídos sus gritos de ayuda… pero las Naciones Unidas marginadas y gobernado el mundo por los más prósperos y poderosos, pronto quedó muy reducido el apoyo internacional y casi olvidada la gran tragedia sufrida. Las manos que tenían que estar tendidas se hallaban armadas y alzadas. Y la inmensa mayoría distraídos, sin recordar que a todos nos corresponde plantar semillas de amor y de justicia.

Este mismo año de 2020, el 12 de enero, justo a los diez años de la catástrofe, “El País” publicaba un artículo de Jacobo García titulado “Lecciones de Haití”, del que extraigo unos párrafos: “…En pocas horas, el aeropuerto de Puerto Príncipe se quedó pequeño para recibir docenas de aviones con alimentos, tiendas de campaña y bomberos… El Presidente Bill Clinton organizó en Montreal una conferencia de donantes y ONGs de todo el mundo acudieron… Una década después, la hambruna se extiende en un país donde 1.2 millones de habitantes viven en situación de emergencia alimentaria… El 60% de la ayuda financiera y aprobada nunca llegó a Haití”. A pesar de los esfuerzos extraordinarios de las Naciones Unidas y de la Cruz Roja la vulnerabilidad de Haití sigue sin aminorarse. Sus “lecciones” no se aplican.

En consecuencia, constituye una auténtica exigencia ética que no suceda lo mismo con las lecciones del coronavirus”. Es imperativo que los ciudadanos del mundo -frente a amenazas globales no caben distintivos individuales- dejen de ser espectadores abducidos y anonadados para convertirse en actores decididos para que no se olvide, una vez más, lo que debe ser inolvidado: que los índices de bienestar se miden en términos de salud y participación, de calidad de vida y creatividad, y no por el PIB, que refleja exclusivamente crecimiento económico, siempre mal repartido; que es apremiante un nuevo concepto de seguridad que no sólo atienda a la defensa territorial sino a los seres humanos que los habitan, asegurando su alimentación, agua potable, salud, cuidado del medio ambiente, educación; la inmediata eliminación de la gobernanza por los grupos plutocráticos y el establecimiento de un eficiente multilateralismo democrático; la puesta en práctica, resueltamente, de la Agenda 2030 (ODS) y de los Acuerdos de París sobre Cambio Climático, teniendo en cuenta, en particular, los procesos irreversibles.

En plena crisis vírica tengamos en cuenta -para que las lecciones sean realmente aprendidas y aplicadas en todo el mundo- la situación en países que siempre quedan fuera del punto de mira de los “grandes” , como la plaga de langostas que hoy mismo causa estragos en Kenia, Etiopía y Somalia; las víctimas del sida y del dengue; y las víctimas de la creciente insolidaridad internacional con las personas refugiadas y migrantes.

En resumen: ahora sí, ahora sí que ya tenemos voz por primera vez en la historia, “Nosotros, los pueblos” vamos a recordar las lecciones de Haití y las del coronavirus para iniciar a escala global una nueva era con otro comportamiento personal y colectivo de tal manera que todos y no sólo unos cuantos disfruten de la vida digna que les corresponde.

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Federico Mayor Zaragoza

Miembro de la RIET
Profesor, poeta y político
Director general de la UNESCO entre 1987 y 1999

Petróleo detrás de casa

Cerca de mi casa, en la misma Barcelona, se ha descubierto ¡petróleo! En una de las obras en mi barrio han brotado pequeños regueros negros y aceitosos que, efectivamente, demuestran la existencia de petróleo.

De momento muy poca gente lo sabe, aunque me consta que algunos jubilados lo sospechan. Yo lo descubrí por la noche, sacando a pasear a la perra. Junto a las excavadoras y grúas vi a un grupo de personas todas vestidas con monos blancos.

Molino con sombra en el agua

No quiero ser alarmista, pero he conseguido informes de la compañía extractora donde dicen que el petróleo es de buena calidad y fácil de extraer. También explican que el 80% de mi barrio y el 50% del barrio colindante van a ser desalojados, y argumentan que “por interés general, en un momento de crisis energética, la ciudadanía entenderá perfectamente que desalojemos a 150.000 familias y se cierren tres hospitales y 26 escuelas e institutos”. Añaden que “será importante prever todas las consecuencias ambientales que supondrá la extracción del petróleo, pero se dispone de las técnicas más avanzadas y sostenibles…”.

Y así empezó un artículo mío de enero del 2010 con el que quería advertir sobre la injusticia de los avances de las petroleras en países del Sur, sostenidas con la excusa de generar empleo y riqueza. Con esos mismos pretextos, nuestro mundo rural es el patio trasero, donde se ubican las centrales nucleares, los vertederos, los polígonos petroquímicos…

Diez años después retomo dicho escrito -lo que ahora se llamaría un ‘fake’- para advertir de que el acoso al medio rural sigue más vivo que nunca. Tanto se han repetido los mensajes de la “España Vacía” que parece que cualquier cosa es válida para volver a rellenarla. El crecimiento de las macrogranjas de cerdos da buena cuenta de ello.

Poca población y zonas empobrecidas -aunque ricas en recursos- son los ingredientes perfectos para la implementación de proyectos con muy pocos beneficiarios. Y eso ocurrió también hace diez años con el ‘boom’ de parques eólicos en nuestro territorio, y está ocurriendo de nuevo. Las grandes compañías energéticas y sus comisionistas andan localizando terrenos para nuevos parques eólicos, varios de ellos en el altiplano de La Segarra.

Es evidente que debemos transitar a nuevas fórmulas de generación de energía, dejando atrás las fósiles y aprovechando recursos limpios como el viento, pero no podemos replicar las fórmulas actuales, centralizadas, privatizadas y en manos de los oligopolios energéticos. En Europa, y también en Catalunya, como el proyecto ‘Viure de l’Aire en Pujalt’, son muchos los ejemplos de aerogeneradores gestionados por la población, con fórmulas verdaderamente democráticas donde los beneficios son transparentes y socializados, y donde el propio territorio tiene conocimiento, mesura y amor para compatibilizar molinos con naturaleza.

Presión a las administraciones y contraproponer estos modelos de propiedad compartida puede ser la mejor manera de evitar una nueva invasión rural cuyo color, aunque la llamen verde, es el negro capitalista.

Gustavo Duch

Miembro de la RIET
Escritor
Texto publicado en El Periódico de Catalunya, el 31/01/20

 

Joaquín Araújo: ‘Despaisados’

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Joaquín Araújo es un conocido naturalista, periodista, escritor, director editorial y miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET). Su artículo de hoy (publicado originalmente en su blog del diario ‘El Mundo’) se titula ‘Despaisados’ (palabra que no encontraréis en el diccionario), y se basa en una cita del gran filósofo Ortega y Gasset: “”Estamos despaisados, hemos perdido el contacto con nuestro paisaje…Como nos han quitado la otra mitad de nuestro ser sentimos el dolor de la amputación en la mitad que nos queda”.

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Gustavo Portocarrero: ‘Otra vez la peligrosa petrolera en Alaska’

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Gustavo Portocarrero es abogado, periodista, filósofo y miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET). El escritor boliviano nos envía de tanto en tanto extensos artículos muy desarrollados que nosotros leemos con mucho interés. El que publicamos hoy se titula ’Otra vez la peligrosa petrolera en Alaska’, y nos habla de los peligros que la industria petrolera puede ocasionar para la naturaleza, pero también para el propio ser humano.

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